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Dcode 2015: Qué bien

El festival madrileño se consolida en la capital a pesar de la cancelación de su principal cabeza de cartel y gracias a la brillantez de Foals, Suede y Crystal Fighters

Qué bien poder seguir contando con un festival de música en Madrid, que faltándole mucho recorrido aún para alcanzar la perfección, va mejorando cada año que pasa. Qué bien poder disfrutar de los últimos coletazos del verano entre conciertos, minis de cervezas y verde césped. Qué bien que el cartel de este año, aunque apostaba por lo seguro y no corría ningún riesgo, cumplía con las expectativas. Y eso que a falta de dos horas para su concierto, Sam Smith anunciaba que no saldría al escenario. Pero vayamos por partes.

Esta quinta edición del Dcode ha sido única por varios aspectos, como por ejemplo la ampliación de horarios desde las 11.30 h y también del recinto, incorporando una zona de food trucks más grande que en años anteriores y un mini mercado de ropa. Un reclamo que quizás les haya ayudado a colgar el cartel de ‘sold out’ a un día de la celebración del festival. 26.000 personas abarrotaron el Complejo Deportivo Cantarranas de la Universidad Complutense. Un aforo que en ocasiones podía resultar agobiante, pero que apenas se reflejaba en las colas de espera para los baños o las barras, las habituales en cualquier festival y nunca excesivamente largas si sabías cómo manejarte entre actuación y actuación.

Los más madrugadores pudieron disfrutar de Wolf Alice, Flo Morrisey y Trajano!, entre otros, e incluso pudieron salir del recinto hasta las 16 h, uno de los puntos más polémicos que el Dcode debería solucionar ya por el bien de sus asistentes y para ahorrarse cada año la misma cantinela. El caos llegó sobre las 18.30 h de la tarde, cuando el principal cabeza de cartel anunciaba que no podría actuar “por una infección en las vías respiratorias”. Según la organización, esperaron hasta contar con el certificado médico correspondiente para comunicar la suspensión del concierto de Sam Smith, acarreando una oleada de críticas por la tardanza en hacer llegar la información, reclamaciones por parte de los fans del cantante londinense y una precipitada reorganización de horarios.

Pero el espíritu adolescente imbuido por los británicos The Vaccines logró aliviar en parte el malestar. Justin Young y los suyos saben cómo mantener a un público entregado bailando durante una hora con hits vitalistas llenos de optimismo como ‘Wetsuit’, ‘If you wanna’, ‘20/20’ y ‘Nørgaard’, entre otros. Les siguió una buena ronda de indie patrio con los mallorquines L.A., quienes arrastraron a un buen número de fans a pesar de tocar un par de horas más tarde de lo previsto, y Supersubmarina. Los de Baeza dominaron sin problemas a un público plagado de voces femeninas con sus principales hits –‘Viento de Cara’, ‘Ana’, ‘Hermética’, ‘En mis venas’, ‘Cientocero’, etc.-, su desparpajo andaluz en boca de José Chino y un anuncio que ya se esperaba desde hace tiempo: en la primavera de 2016 actuarán en el Palacio de los Deportes (ahora Barclaycard Center).

Y después llegaron el carisma, la vitalidad y la brillantez de un Brett Anderson pletórico. El líder de Suede no paró de bailar, saltar y hasta bajar a cantar con el público durante toda la duración del concierto. Un ejemplo de entusiasmo con 47 años del que deberían tomar nota otros grupos consagrados cuyos jóvenes cantantes no se separan del pie del mirco ni con aceite hirviendo. ‘Trash’, ‘Animal Nitrate’ y, por supuesto, ‘Beautiful Ones’ no podían faltar en un repertorio que el grupo inglés alargó más de lo previsto. Aunque a nadie le importó. Por su parte, Izal ofreció un concierto de claroscuros, congregando a gran parte del festival frente al escenario Heineken y recitando sus consabidos éxitos, como ‘Despedida’, ‘La mujer de verde’, ‘Agujeros de gusano’ y ‘Qué bien’, entre otros, aunque abusando de la presentación de temas nuevos. Polock, Second y Circa Waves fueron lo mejor del tercer escenario, que este año estaba recubierto con una enorme carpa y al que costaba acercarse dado el plantel de los dos escenarios principales.

El broche final lo pusieron Foals y Crystal Fighters, dos de los mejores conciertos de esta edición. Los de Oxford llegaron con un nuevo y exquisito disco bajo el brazo, con un Yannis Philippakis arrollador y una actuación de 10, donde no faltaron temas como ‘Spanish Sahara’ o ‘My number’ y que coronaron con su hit más reciente, ‘What went down’. De Crystal Fighters poco queda por decir que no se haya escrito ya, los londinenses provocaron una oleada de enérgicos bailes en uno de los conciertos más multitudinarios del Dcode. Un cierre insuperable.

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