Sueño de una noche de verano

Teatro, Comedia
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Sueño de una noche de verano

Autor: William Shakespeare. Director: Darío Facal. Intérpretes: Carmen Conesa, Emilio Gavira, Alejandro Sigüenza, Vicente León, Alejandra Onieva, Óscar de la Fuente, Katia Klein, Antonio Lafuente y Agus Ruiz

Lúdica y divertida como una representación palaciega, sin más ambición que la de hacer pasar un buen rato a los aristócratas de una boda que debió ser lo más parecido al famoso enlace de la hija de Aznar en El Escorial. Así nació esta obra de Shakespeare en 1595, y Darío Facal la monta ahora buscando despojarla de las solemnidades del mito y del tiempo y del academicismo, para ofrecerla con supuesta frescura, intentando hacer una lectura lo más fiel posible del espíritu de obra de encargo para un bodorrio estival. Lo que pasa es que, con todo, contando con un reparto excepcional que lo hace muy bien, el montaje tiene a veces un tufillo a función de fin de carrera que le resta valor.

Al público se le plantea el juego de la tridimensionalidad analógica (con gafitas incluidas en el programa de mano para ver los efectos 3D de los dibujos sobre telas colgadas al fondo del escenario) aunque no parece que los espectadores se den al juego, quedando como algo meramente anecdótico. Luego ese bosque conceptual a base de macetas y taxidermia se pierde en el espacio despojado de la sala grande del Matadero, haciendo que parezca una disposición casual sin fin ni criterio. Pero a pesar de todo esto, el montaje avanza con buen ritmo hacia la carcajada compulsiva y contagiosa.

Y eso es porque los actores, libres en su comicidad, despliegan sin filtro ni límite el potencial tontaco que llevan dentro, sin importarles los rigores del personaje ni mucho menos las viejas convenciones teatrales, cuarta pared incluida. Especialmente destacables Óscar de la Fuente, Agus Ruiz y Vicente León. Sus “composiciones” son lo que realmente hace llevadera y fresca una pieza que, me arriesgo a decir, aunque sea una especie de sacrilegio, es obra menor entre las de Shakespeare, casi un anticipo de las taquilleras comedias románticas o quizás el germen de todas ellas.

Por Álvaro Vicente

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comintea t

Vergonzoso que un crítico desprecie una obra de Shakespeare comparándola con un texto escrito para la boda de Aznar. Vergonzoso que un crítico desprecie la delicadeza de una puesta en escena como esta y el trabajo de unos actores extraordinarios que están haciendo mucho más que desarrollar su potencial tontaco. Es una pena que la crítica se confunda con la opinión infundada. Es una pena que un medio como Time out de un espacio para escribir a quien no tiene criterio para hacerlo.