Adolf Loos. Espais privats

Arte
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Adolf Loos. Espais privats
Adolf Loos

He aquí la paradoja: una exposición sobre los 'espacios privados' de Adolf Loos (1870-1933) instalada en un laberinto sin techo concebido para la circulación de un público más bien numeroso.
La propuesta es de Pilar Parcerisas, rigurosa y minuciosa 'comme de habitude', con la complicidad de otra Pilar, Vélez, directora de un Museo del Diseño en racha después de la gran muestra dedicada a Bowie. Sin olvidar el papel de alguno de los prestadores de un material tan delicado como este mobiliario centenario: el galerista y experto Julius Hummel, y varios museos centroeuropeos como la Albertina, el Wien Museum o el Architekturmuseum de la Universidad Técnica de Múnich.
Loos era un tipo orgulloso pero fascinante. Dejó escrito en su epitafio: "Liberó la humanidad de trabajos inútiles". Para huir de una madre incómoda y de una carrera que no le entusiasmaba, cruzó el Atlántico y malvivió tres años en Estados Unidos y en Inglaterra. Allí descubrió un nuevo espíritu, menos clasista e infinitamente más orientado a lo esencial -resolver problemas- que la floreciente putrefacción tardoimperial de la cultura austrohúngara.
Al parecer, el 'coup de foudre' fue una maleta en un escaparate. Y, 'se non è vero è ben trovato', la clave de su arte fue el 'Raumplan' y la ordenación de espacios continuos en vertical.
La muestra es una sucesión de espacios contextualizados con grandes fotografías de verdadera 'sastrería de interiores', con muebles diseñados o elegidos por Loos, orientados a potenciar el individuo, la intimidad y el confort. Hoy día parece evidente, pero entonces estos conceptos eran el nudo gordiano, el quid de un nuevo modelo social. Y Freud, ¿el otro célebre austríaco del momento? Echad un vistazo a la habitación diseñada para la primera mujer de Loos y lo iréis entendiendo.

Por Ricard Mas

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