Arte y cine. 120 años de intercambios

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En un artículo espléndido, Georges Didi-Huberman decía que el cine es como el vuelo de una mariposa, un aleteo rápido, una mancha de color que se te escapa entre los dedos. Si sois cinéfilos y creéis en la magia de las imágenes entenderéis que la metáfora es como para enmarcarla. Y nadie lo ha aplicado mejor que Jean-Luc Godard en sus 'Histoire(s) du cinéma', un documento fílmico voraz, de cuatro horas y media de metraje, en el que vertía los múltiples ángulos desde los que se puede leer la historia del cine, estableciendo un diálogo total.

Visitando 'Arte y Cine', la nueva exposición del CaixaForum, me encuentro un cartel que dice que el amigo Godard y su proyecto han sido todo un referente para el comisario. Pero yo lo siento en las antípodas. Se trata de un recorrido cronológico, a través de los 120 años que hace que los Lumière inventaron el cinematógrafo, y está dividido por décadas. Este es el error más flagrante, el hecho de que recurra a una tendencia historiográfica tan arcaica, por no decir obsoleta, que hace que toda obra quede reducida a un mero producto de su tiempo. Es como si nos encontráramos ante una cajonera en que todos los cajones están deseando abrirse.

Tienen material de primera, eso sí, con muchas piezas cedidas por la Cinémathèque francesa. Tienen el busto de Jean Cocteau en 'La sangre de un poeta', con la mano frotándose la barbilla, y un vestuario de vanguardia delicioso. Tienen un autorretrato de la actriz Asta Nielsen, hecho con trozos de tela, y justo al lado una foto de Louise Brooks girada a magenta que parece que le hable. Y tienen un dibujo de Harpo Marx que representa un cráneo ecuestre y nos deja ver una faceta mucho menos lúdica de la que le conocíamos.

Pero la exposición tiene intenciones poco claras. Para el visitante, será difícil vislumbrar la tesis de todo ello, el filón. Nos hablan de las relaciones entre arte y cine, sí, pero no se sabe si la cosa va de artistas que trabajaron en películas y de cineastas que pintaron cuadros, o bien de la exploración cinética en el dibujo, o de las formas plásticas en movimiento. Hay muchas reflexiones interesantes que no se llegan a desarrollar. Es como mirar una colección de coleópteros clavados en el corcho, con un alfiler.

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