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Yo, Picasso

Los autoretratos de Pablo Picasso

El Museu Picasso hace 'tête à tête' con el artista malagueño

Por Josep Lambies
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Hacia el 1890, Pablo Picasso se retrató posando delante de una vista de la Torre Eiffel, al lado de su amigo Manuel Pallarès, con quien compartió el primer estudio que se pudo financiar. En el dibujo, una multitud de francesas enloquecidas por el olor del macho ibérico se arremolinaban a su alrededor. Ellos, orgullosos de su atractivo, las dejaban hacer. Lo más curioso es que no fue hasta el año 1900 que Picasso fue a París. Y ni siquiera fue Manuel Pallarès quien lo acompañaba, sino el pintor Carles Casagemas, que poco después de ese viaje se suicidó. Vengo de hablar un rato con Eduard Vallès, comisario de la muestra 'Yo, Picasso', que esta semana abre puertas en la calle Montcada. Como veis, estoy muy informado.

Desde los 13 o 14 años, Picasso se hizo autoretratos de forma sistemática, en la mayoría de casos a lápiz o carboncillo. Y, como en el caso de París, a menudo eran formas de representarse en situaciones ideales. Él sostenía que el artista tiene que dominar la naturaleza y cambiarla a su gusto. En 1907 finalizó la fiebre de la imagen propia, con un busto estilo máscara africana muy parecida a las caras de 'Las señoritas de Avinyó', que data del mismo año. Os lo pongo junto a estas líneas, para que no os perdáis. Fue, como digo, el último de una etapa. Después de este cuado empezó la conocida afición -quizá menos narcisista, pero quizá también más ególatra- por pintarse escondido bajo la forma majestuosa de un minotauro.

Hasta que se hizo mayor. A los 60 y pocos volvió a reivindicar su figura de humano. Pero, inclemencias del tiempo, nada era lo mismo. Obviando alguna simpática trampa como las que había hecho de jove -en una ocasión, se pintó el en cuerpo de un niño de 13 años -, en este último periodo Picasso empezó a mirar hacia la realidad. Y la realidad quería decir decrepitud, arrugas, impotencia sexual e, incluso, el inevitable anuncio de una muerte inminente. Ahora podéis ver el último de los autoretratos, pintado en sus últimos meses: una explosión de verdes y malvas, sobre una mirada chupada y cadavérica que no habría movido nada en aquellas francesas entregadas. Ley de vida.

YO, PICASSO. AUTORETRATS
Museu Picasso
Hasta el 1 de septiembre

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