En los años 60, en plena opresión de la dictadura, todavía existían algunos rincones donde se podía respirar un poco de libertad —como en las salas de jazz, en la calle o en ciertos entornos artísticos—, y Cèsar Malet (Barcelona, 1940-2015) fue uno de los que se atrevió a capturar esos momentos de desenfado, todo ello desde una lente muy personal. El fotógrafo formaba parte de la Gauche Divine —un movimiento de intelectuales y artistas de izquierdas nacido en Barcelona en aquellos años—, y supo trasladar esa libertad incluso a ámbitos más reglados, como la fotografía publicitaria o de moda, donde se convirtió en un referente rompiendo con la estética dominante de la época. Experimentó constantemente con formas visuales inspiradas en la naturaleza y en el cuerpo humano, manteniendo siempre una mirada crítica e irónica sobre la sociedad.
El Arxiu Fotogràfic de Barcelona saca a la luz más de un centenar de fotografías de este artista poco conocido, que despliegan en carrusel la virtuosidad y originalidad de su obra en la muestra titulada Autorretrato. Ironía, estética y pasión. La entrada es gratuita y puede visitarse a partir del 19 de noviembre y hasta el 24 de mayo. Terenci Moix, Anna Maria Moix, Carles Barral, Ricard Bofill o Gabriel Ferrater aparecen en algunas de sus fotos, socializando en distintos contextos o, directamente, retratados por Malet. También se dedicó a fotografiar espacios de Barcelona tan icónicos como la sala Jamboree de los 60 en momentos de ebullición nocturna. Un creador muy versátil, que llegó a dominar con precisión técnica tanto la fotografía de estudio como la de calle y que, tal como elogió el escritor Juan Marsé —amigo personal de Cèsar Malet—, si algo tenía Malet era una “facilidad para captar y fijar ambientes concretos, vivencias y ritmos de la ciudad”.


