Global icon-chevron-right España icon-chevron-right Barcelona icon-chevron-right En busca del auténtico Mickey Mouse

En busca del auténtico Mickey Mouse

Samuel Salcedo expone sus esculturas en la galería 3 Punts

Por Josep Lambies |
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Samuel Salcedo

En algún momento del día, aquellos cabezudos que van por Disneylandia repartiendo felicidad deben quitarse la carcasa y enseñar las vergüenzas. Por norma general, un cuerpo enclenque y dejado, con un mechón de pelos entre pecho y pecho y una barriguita que apunta a demasiadas horas mamando lúpulo en la barra del bar. Samuel Salcedo ha nacido para destruir fantasías infantiles. Hace un par de meses, chafardeando  en la trastienda de la nueva sede de la 3 Punts, encontré una de sus figuritas de macho desnudo con carnes flácidas aguantando el peso de una sobredimensionada cabeza de Mickey Mouse sobre los hombros. Todavía me dura el escalofrío.

Hoy he ido a visitar a Samuel a su estudio de Sants, y me lo he encontrado al lado de un hombre de piedra desnudo que estaba sentado sobre unos escalones de madera, con la cabeza encajada en un cubo lleno de pintura blanca. "Ah, es una gamberrada- me decía, con los brazos cruzados al lado de su Golem-. ¿Qué te parece? Primero me curro una escultura y luego le tiro un cubo de pintura". Lo reconozco: su marmórea víctima me ha dado pena. Saltaba a la vista que pasaba frío. Igual que un arsenal de criaturas indefensas que formaban sobre la mesa magna tal y como vinieron al mundo. Podía sentir cómo les chirriaban los dientes.

En la entrada, para asustar a los curiosos de turno que meten las narices donde no les importa, había un capazo lleno de cabezas humanas hechas con resina, apiladas como patatas en una cesta del mercado. O como ajos en una ventana de Transilvania. Parecían de bebé, con la cocorota lisa y los mofletes inflados como si todavía flotaran en líquido amniótico. "Mis esculturas siempre son una deformación de lo que no te imaginas que somos en realidad", profería el hombre de los tatuajes, con uno de sus pobres decapitados entre las manos. Me he sentido como si estuviera en la sala de trofeos del rey Herodes. A él se le veía satisfecho con la colección.

Me ha enseñado la biblioteca del taller, donde tenía catálogos de algunos de sus artistas inspiradores. El registro iba desde el hiperrealismo de John Davies hasta las performances del dúo cómico Gilbert&George. "He hecho una serie de librerías de plomo inspiradas en este rinconcito -continuaba-. Con libros en los estantes, y alguna cabeza machacada". A veces tienes un dinosaurio delante de las narices y pierdes el tiempo mirando una triste lagartija. En medio de la sala, encima de una inmensa pilastra, estaba el santo inocente mayor: un recién nacido con el moflete chafado que parecía que acabara de vomitar la papilla. Exquisito. Casi echo las tripas.

HOUSE OF MIRRORS

3 Punts
Hasta el 22 de junio

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