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Ferran Garcia Sevilla, obra inédita en la Galería Joan Prats

¿Es una retrospectiva? No exactamente...

Por Eugènia Sendra
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Ferran Garcia Sevilla no ha perdido retórica, sigue siendo el artista ágil y un poco desvergonzado que en los 80 colaboró con el retorno a la pintura, un personaje que piensa mucho y rápido, tanto que en cinco minutos podría desmantelar la exposición que estamos a punto de visitar -su reaparición después de años de silencio - para montar otra nueva, diferente de arriba a abajo. "Lo he hecho dos o tres veces en mi vida", se sincera.

De momento no toca 'La teoria de l'evolució. L'evolució de la teoria', una recopilación de pinturas, instalaciones, fotografías y láminas que no habían salido del estudio y que nos acercan al primer Garcia Sevilla (el de finales de los 60), al artista inspirado por el viaje y la iconografía del Tíbet, y a sus últimas creaciones pictóricas. ¿Retrospectiva?, lo tanteamos. Frío, frío; la palabra adecuada es evolución.

"He recibido golpes por la voluntad de ampliar el mundo", dice. El artista explora nuevos confines y propone un sistema expositivo que aboga por un receso, lo opuesto a los cambios que se producen en el mundo del arte, los pensamientos masticados y la dependencia respecto al copiercoller.

Quizá por eso Garcia Sevilla no tolera las reflexiones ni las preguntas memes, el neologismo que Richard Dawkins acuñó para definir el sistema de transmisión cultural entre individuos. Ávido lector de manuales de neobiología, Garcia Sevilla nos recuerda que "el arte destruye los parámetros preconcebidos" y que junto con la ciencia" son prospectivos e intentan llegar a lugares desconocidos".

Él intenta sacudir al espectador a lo largo del viaje por las salas de la Joan Prats. En cada espacio, manda una entidad -uno de los pensamientos fuertes del artista- y un yin-yang invisible va enlazando conceptos. El artista se detiene ante un lienzo hecho a base de puntos, una interpretación de la realidad deshecha, un intento de bricolaire. Pero la distribución de las huellas no está hecha al azar sino que sigue el esquema que elabora en el ordenador. Un sistema bastante metódico, pero a pesar de eso tiene "fama de impulsivo, que soy impertinente, que pinto con arrebatos de fou", se defiende Garcia Sevilla. Para la serie 'Tibo' (1998) volvió a confiar en el ordenador, el Photoshop y la permutabilidad continua y los resultados son "láminas" llenas de elementos simbólicos surgidos de libros tibetanos y del imaginario del artista. Se muestra orgulloso del tablero de ajedrez, una metáfora del desengaño o la enfermedad encuadrada dentro de un marco de flores que encontró en una tienda. De aquí saltamos a la sala política, con un fotomontaje de la escultura ecuestre de Franco y su sombra alargada (1974) y 'Un centre, i un altre centre i un altre centre' (1972), inspirada en Nietzche. El último espacio está hecho con tiralíneas: el hilo que tensó en el torrente de Pareis (Mallorca), la repisa transparente donde reposa un jarro roto, las cáscaras de huevo que han liberado "una cosa que no sabemos dónde está ", una secuencia fotográfica de la vuelta celeste y la serie de preguntas titulada 'Respostes'. Propuesta para dejarse llevar sin miedo por el pensamiento libre e infinito, para adentrarse en el "jardín  más apreciado " por Garcia Sevilla.

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