Pintor, poeta, crítico de arte, activista y agitador cultural. Todas las caras de Josep Maria de Sucre salen a la luz en la exposición que los Espais Volart de la Fundació Vila Casas dedican a esta polifacética (e injustamente olvidada) figura de nuestra cultura, coincidiendo con el 140.º aniversario de su nacimiento.
Desde los rostros expresivos y primitivistas que pintaba partiendo de la miseria y el sufrimiento humano que vivió ejerciendo de oficial criminalista en los Juzgados de Barcelona, hasta la numerosa documentación que lo sitúa como uno de los más importantes promotores e impulsores de la modernidad en Cataluña, la muestra profundiza en esta doble cara: del promotor artístico-social al pintor lleno de intensidad expresiva.
Josep Maria de Sucre desarrolló un papel fundamental como nexo entre las vanguardias anteriores a la Guerra Civil y las nuevas generaciones de la posguerra, otorgando becas a jóvenes creadores para que fueran a París desde la presidencia del Cercle Maillol del Institut Francès, y también impulsando los Salons d'Octubre. Para reflejar este papel de mediador, la exposición en los Espais Volart incorpora también obras de una treintena de artistas vinculados a su entorno, como Tàpies, Modest Cuixart, Ràfols-Casamada, Guinovart, Maria Girona o Subirachs, entre otros.
En su pintura confluyen influencias del expresionismo europeo, el románico catalán, el primitivismo o autores como Edvard Munch y Paul Klee. Es por ello por lo que sorprende darse cuenta de que su pintura tuvo un reconocimiento limitado y tardío, lo que lo llevó a vivir en la precariedad económica más salvaje hasta su muerte. Esta vida llena de miseria queda plasmada con la proyección de un documento audiovisual dirigido por Joan Francesc de Lasa en 1964, que ofrece un testimonio íntimo y directo de los últimos años del artista.

