Los bolsillos de Chema Madoz

El fotógrafo expone sus últimas obras en la Galería Joan Prats

©Maria Dias

Remilgado y currante. Así se me presenta Chema Madoz, un artesano de técnica afinada que no se conforma con cualquier resultado. En la retrospectiva que desde hace unas semanas le dedica La Pedrera hay un vídeo en el que explica hasta qué punto las pasó canutas para hacer esa famosa foto de la cerilla colocada sobre las aguas de una plancha de madera con forma de llama. Tuvo que escarbar por los almacenes de un montón de aserraderos antes de encontrar una tabla con el dibujo adecuado para producir el efecto. Y la opción Photoshop estaba descartada desde el principio. "Quizás nadie se hubiera dado cuenta, pero a mí no me gusta hacer trampa", remacha.

Tengo muy presente esta anécdota mientras Chema me planta delante de la imagen de un avestruz que hunde la cabeza dentro de un huevo, una de las mejores obras de la exposición que esta semana ha inaugurado en la Joan Prats. "El bicho es de plástico, de ésos que venden en las tiendas de juguetes -ilustra-. Fue más delicado de lo que parece, porque resulta que nadie fabrica avestruces con la cabeza agachada. ¡Todos bien rectos!". Lo que estas sibilinas palabras quieren insinuar es que se tuvo que cargar la bestia, cortándole el cuello de cuajo para poder torcerla hacia abajo y luego decapitarla. Resultado: una mutilación digna de orfebre.

Más impresionante aún es lo que hay al otro lado: un columpio hecho con dos cadenas y un cinturón de castidad. "Un objeto extraño -dice, algo frío-. Lo encontré en un rastro y me pareció tan brutal que no dudé en comprarlo". Para todos los que llegamos a la Joan Prats con el regusto de los platos, tazas y relojes que hay en La Pedrera en los labios, esta exposición es como un jarro de agua fría. "Reconozco que en los últimos tiempos he hecho cosas un poco dolorosas", dice. Y el muy animal me lleva a ver un ojo perforado por una chincheta.

Se ha tenido que agenciar todo tipo de trastos para sacar esto adelante. Aquí un breve inventario: dos escaleras de caracol que dan la vuelta a una vela encendida, escarabajos recién arrancados de uno de aquellos expositores llenos de agujas, un ramillete y cuatro volúmenes cartoné de la obra de Carlos Fuentes. También hay una mariposa postrada en una de esas perchas donde los loros largan sus discursos. Me cuenta que ahora, sobre la mesa de su estudio, tiene unas recientemente adquiridas balanzas esperando convertirse en alguna de sus ingeniosas creaciones. "Las estoy tanteando, pero todavía no los he encontrado ningún uso que me guste", dice el muy quisquilloso.

 

CHEMA MADOZ
Joan Prats
Hasta el 30 de julio

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