Samuel Labadie en la Fundació Miró

El artista francés se inspira en las memorias de Daniel Paul Schreber en 'L'ànima examinada'
Por Josep Lambies |
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Por fin hemos llegado a ese momento de locura infausta en el que Baudelaire se puede convertir en un himno del death metal. Y lo digo como testigo ocular: está pasando delante de mí, ahora mismo, en el Espacio 13 de la Fundación Miró. Una mosquita muerta francesa con los muslos bien juntitos para protegerse las partes pudientes  recita verso a verso 'La carroña', con un hilo de voz ingenuo y sereno, casi imperceptible. A su lado, de pie, un 'heavy' impresentable, escandaloso y regordete, un auténtico abejorro que proclama a pulmón abierto los nombres de las partes del cuerpo humano en inglés. El micrófono se le va enganchando a las greñas. Es como para perder la cabeza.

Samuel Labadie es un francés de 35 años afincado en Barcelona que va dando sorbos a un café negro como una noche sin luna. "El metal, en general, me gusta desde que era adolescente", se justifica  Samuel, arrancándose la taza de los labios y fulminándome con dos ojos tan azules que sufro por mis córneas. Es el responsable de todo esto. Me cuenta que hace cosa de un año y medio, por culpa de un texto de Freud que le había caído en las manos, leyó las 'Memorias de un enfermo de nervios' de Daniel Paul Schreber. "Me apasionó desde el primer momento –me explica–. Las leía con una libreta al lado, tomando notas, y así empezó todo".

Este "todo" es 'El alma examinada', una exposición multidisciplinaria pero nada psicoanalítica. Lo dice Samuel, no yo. "El concepto también es de Schreber –remacha–. Según he podido leer, es un momento en el que el alma se purifica para llegar a Dios, que es una especie de sol gigante. Cuando lo encuentra, entra y se integra ". No es psicoanalítico, ni tan metafísico como parece. "El alma de Schreber está formada por una mezcla de carne y venas y semen". Imaginen cómo debe de ser este divino astro que se pasa el santo día engullendo la materia de nuestros desgraciados difuntos. Conviene tomárselo con un poco de fe.

En boca de la francesa, las larvas van devorando las vísceras de aquel cuerpo en descomposición que Baudelaire se encontró abandonado en la cuneta. "Hay otra idea de Schreber que me interesa –continúa el artista de los ojos devastadores–: la del cuerpo hueco. Resulta que Schreber estaba convencido de que cada día iba perdiendo órganos, que hoy le desaparecía el estómago, al día siguiente el bazo". Creo que ha llegado la hora de que os cuente que en los últimos tiempos a Samuel le ha dado por trabajar con ácido sulfúrico. Es consciente de los riesgos que conlleva, sabe que está poniendo en peligro su integridad. Pero asegura que no es más que una alegoría espiritual.

Sí, hemos llegado a ese momento de locura infausta en el que un loco se puede convertir en un lúcido profeta, Dios es una gran esfera de muñones y aquella canción de tres segundos que compusieron los Napalm Death merece formar parte de esta exposición. "Me he resistido a hacer una mera ilustración del libro –concluye–. Quería dialogar, teniendo en cuenta lo que mi trabajo es y ha sido a lo largo de los años, utilizar los conceptos que más me fascinan de su pensamiento y explorarlos ". Esta exposición os ofrece una gran oportunidad de convertiros en personalidades torturadas y obsesivas, y, de paso, de haceros con alguna nueva patología.

L'ÀNIMA EXAMINADA
Fundació Miró. Espai 13
Hasta el 1 de septiembre

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