¿Existe una forma catalana de construir? ¿O es solo una ficción que contamos después, mirando atrás y uniendo puntos que en realidad nunca existieron? Entre la contención y el exceso, entre el cálculo y la intuición, entre el "seny" y la "rauxa", el Disseny Hub Barcelona propone volver a mirar la arquitectura catalana no como una sucesión de estilos, sino como una conversación que atraviesa generaciones y que reaparece, con formas distintas, en la manera de habitar y dar forma al territorio.
Seny i rauxa. Noticia de la arquitectura catalana, que puede visitarse hasta el 6 de septiembre, reúne más de 500 piezas para construir un relato que atraviesa siglo y medio de arquitectura realizada en Cataluña. Pero el recorrido no sigue una cronología convencional ni una historia de nombres ilustres: la muestra busca conexiones, repeticiones y tensiones entre proyectos de momentos muy distintos para preguntarse si existe una continuidad profunda en la manera de construir en el país.
Entre la cordura y el arrebato
Comisariada por los arquitectos Carme Ribas, Victòria Garriga y Joan Roig, la exposición recupera una idea presente en pensadores como Jaume Vicens Vives, Ferrater Mora o Alexandre Cirici Pellicer: el binomio entre cordura y arrebato ("seny i rauxa") como dos fuerzas que conviven dentro de una misma tradición. Más que una etiqueta identitaria, aquí funciona como una forma de observar cómo la arquitectura catalana se ha movido históricamente entre la continuidad y el cambio, entre la medida y el gesto.
La propuesta evita ordenar las piezas por periodos o estilos y prefiere establecer relaciones inesperadas entre obras alejadas en el tiempo. El objetivo no es explicar una historia cerrada, sino provocar preguntas y dejar que sea el visitante quien detecte coincidencias, contrastes y ecos entre proyectos.
De la habitación al territorio
El recorrido se organiza casi como una ampliación progresiva de escala: comienza en el interior de la habitación y avanza hacia la casa, los edificios, la calle, la ciudad y finalmente el territorio. En cada ámbito aparecen planos, croquis, maquetas, fotografías, mobiliario y piezas de arte que dialogan entre sí y permiten leer la arquitectura más allá de los edificios terminados.
Entre las obras expuestas conviven nombres inevitables de la arquitectura catalana con materiales menos conocidos y una voluntad explícita de recuperar autoras a menudo ausentes del relato tradicional. La muestra también incorpora pintura, diseño y documentación para mostrar que la arquitectura no se construye solo con muros, sino también con imaginarios, debates y formas de representar el espacio.
El resultado es una exposición que no busca definir qué es la arquitectura catalana, sino preguntarse si, detrás de formas muy distintas, todavía hay algo que sigue haciéndola reconocible.

