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Reseña
Bar Pinyol es uno de los últimos reductos de la Barceloneta auténtica con un punto lumpen; ni está en manos de un grupo restaurador ni sus clientes son turistas. Paredes forradas con redes de pesca, timones, remos, fotos en blanco y negro de los antiguos pescadores del barrio... y televisor encendido, siempre. Desde la barra cuadrada central despachan desde primera hora de la mañana hasta entrada la noche, carajillos, quintos, vermuts, bocadillos y tapas mayoritariamente marineras; chipirones, boquerones, sardinas, navajas, pescadito frito, gambas, etc. Si no os acabáis de decidir, pedid el variado. También ofrecen menú del día y tienen terraza.
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