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Los hermanos Montero, David y Carlos, salvaron en 2010 la Bodega Quimet del cierre y, de paso, se convirtieron en pioneros de la neobodega y de la recuperación del vermut. A base de humanidad, perseverancia, precios populares, alta calidad y una auténtica vocación de servicio al barrio, fueron de los primeros en transformar un establecimiento venerable, pero envejecido, en un bar de culto. Y eso mismo han conseguido con la Bodega Nulles, una bodega centenaria del barrio de la Sagrada Familia, donde escasean los locales con verdadera alma de barrio.
Se percibe el cariño con el que han abordado la restauración: botas de vino y depósitos de cerveza fresca, grifos de vermut, azulejos originales y mobiliario de anticuario. Y, por supuesto, la misma calidad en una oferta gastronómica donde brillan las anchoas caseras, el jamón cortado a mano y unos guisos con todo chup chup de la abuela.
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