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Bocadillos de tortilla: mejores que los de tu abuela

Por
Òscar Broc
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En Barcelona somos tortilleros de pura cepa. Nos gusta lo de convertir un par de huevos en una masa esponjosa, babosa y saladita. Nos las zampamos de mil formas diferentes, hemos perfeccionado tanto este arte, que no cuesta nada encontrar en Barcelona un bar donde probar una tortilla dionisíaca. Eso sí, hay una disciplina que muy pocos dominan y que sólo las barras más doctas y experimentadas saben preparar como Dios manda: el bocadillo de tortilla. Este invento tan español parece no tener secreto (coges una tortilla y la colocas entre dos rebanadas de pan), pero realmente es una de las disciplinas más complicadas. Los adictos al bocadillo de tortilla sabemos que, en según qué sitios, pedir uno es más peligroso que meter doce mogwais en la ducha. Por eso, yo siempre juego sobre seguro. Dejad que comparta con vosotros mis templos favoritos.

Cervantes (Cervantes, 7)

Con diferencia, mi bocadillo de tortilla favorito. El pan no es nada del otro mundo, pero tiene suficiente consistencia para soportar una masa de doble huevo que exuda ambrosía amarillenta por los costados del bocadillo, llega a la mesa humeante, recién hecha y, si le ponéis queso dentro, expulsa un torrente lácteo que rellena bocas de felicidad. Si no queréis inundaros de colesterol de buena mañana y atenuar el destrozo, lo mejor es pedir uno de tortilla de calabacín: es delicioso y al menos os meteréis alguna verdurita al cuerpo.

Elisabets (Elisabets, 2-4)

Una tortilla impecable, con un nivel de esponjosidad óptimo, bien compactada para que no supere los límites de la crujiente barrita de pan. El bocata de tortilla de Elisabets es académico, no tiene fisuras. Un bocadillo clásico perfectamente ejecutado y con el punto aceitoso que todos los fans pedimos. Por cierto, si queréis emociones fuertes, id directos al bocadillo de tortilla de la casa, con queso y atún. Una fiesta de sabor y aceite y que te durará menos en el plato que una anfetamina en el tocador de Lamar Odom.

Butifarring (San Pere, 6)

Cuidado con este experimento, porque hace pupa de verdad. Un bocadillo que ellos mismos nombran de morcilla de tortilla de patatas. Básicamente se trata de una morcilla al que le han sustituido la sangre por huevos frescos de máxima calidad. El resultado es una traca de sabor que os hará temblar los dientes como si pasara un Jumbo a toda potencia a dos centímetros de vuestra cara.

Alastruey (Mercaders, 24)

Tradición, calidad, humildad. Alastruey es comer en casa. No sólo por el trato, el producto, y sus magníficos menús, sino también por los eximios bocadillos de tortilla que preparan cada mañana. Si no levantáis el país con un torpedo de Alastruey entre pecho y espalda, Cataluña tiene un problema. Ah, y una recomendación: acompañad el bocadillo con una ensaladilla rusa de la casa y sacad los Kleenex para secaros os las lágrimas. De nada. 

Quimet d'Horta (Plaça d’Eivissa, 10)

Dicen que tienen las mejores chapatas del universo y yo no soy nadie para contradecir tantos años de experiencia en la materia: el pan es cojonudo, pero cuidado con lo que ponen dentro. Quimet de Horta está un poco apartado del centro, pero la peregrinación tiene una recompensa: uno de los catálogos de bocadillos de tortilla más completos de toda la ciudad. Juraría que tienen más de 30 variedades, y tranquilos: no hacen experimentos extraños. De hecho, los materiales que utilizan son de lo más fiable: jamón, sobrasada, queso, atún, ajos tiernos... Por cierto, ¿si os digo que el bocadillo de tortilla con anchoas es mejor que el sexo me creeríais? Justo lo que pensaba.

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