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Cámbiame el nombre

Por Escala B
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Barcelona es una ciudad donde todavía se pasean franquistas y esclavistas. La plaza de Antonio López, al final de Via Laietana, rinde homenaje a uno de los comerciantes de esclavos más sanguinario del siglo XIX. Muchas paredes de la ciudad aún lucen placas o esculturas franquistas. En Nou Barris, por ejemplo, se cuenta que aún hay más de 700 placas del Ministerio de Vivienda de la dictadura. Es por eso que el gobierno de Ada Colau anunció que el nomenclátor se reformularía para recuperar la memoria de una Barcelona feminista, republicana y libertaria, como han afirmado los regidores de Barcelona en Comú. 

Decimos muchas veces al día los puntos de referencia de la ciudad. Prefiero decir que voy a la plaza Frederica Montseny que a la plaza Antonio López. O que he quedado en la calle Durruti. Es solo un ejemplo. Si decidimos cómo llamar a nuestros puntos de referencia, también decidimos qué valores queremos priorizar. Sin ir más lejos, poner nombres de mujeres. Y que no sean santas. En Barcelona, el 7% del nomenclátor tiene nombre de mujer, frente a un 43% de nombres masculinos. "Es que hay que entender que en la época no había tantas mujeres relevantes", el típico argumento. Contesto que somos nosotros quienes, des del presente, escribimos la historia. 

Es por eso que diversas plataformas y asociaciones piden desde hace tiempo una revisión del nomenclátor que parece que ahora llega. Algunas de estas asociaciones, como la agrupación juvenil de Nou Barris La Miliciana, han empezado a trabajar por su cuenta sacando las placas de herencia franquista. Por otro lado, el Ayuntamiento anunció que el nombre de la plaza Antonio López se cambiaría.

Sin embargo, los cambios no siempre son fáciles de aceptar. Un ejemplo es el nombre de la plaza Llucmajor: en medio de la plaza está la estatua que simboliza la República, y es por eso que algunas asociaciones de vecinos pidieron que se cambiara el nombre por Plaza de la República. El cambio se anunció a finales de noviembre en boca de Janet Sanz, la concejala de Nou Barris, y Pep Ortiz, un activo miembro de la asociación de vecinos. Pero esta propuesta ha suscitado cierta polémica entre los habitantes del barrio, que no ven que haga falta perder el nombre de Llucmajor si es un pueblo balear y no un recuerdo franquista. De hecho, hasta el alcalde del susodicho Llucmajor envió una carta a Colau pidiendo que no se retirara el nombre.

Todo cambio es controvertido. Pero si tiene que servir para hacer una Barcelona más feminista, más republicana y más libertaria, adelante. Será que no hay plazas y calles.

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