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Cinco consejos para que no os piquen (tanto) los mosquitos

Por
Ricard Martin
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Desde que una noche de mi preadolescencia una colonia de mosquitos de los Aiguamolls de l'Empordà casi me deja seco –mientras leía con disfrute 'Salem's Lot' de Stephen King, precisamente– he probado casi todo los métodos industriales y caseros contra esta lacra estival. Con más rabia y espíritu experimental que nunca, desde que empezó la invasión de tigres mutantes en Sant Cugat, el año 2004. Aquí tenéis cinco buenos consejos: tened en cuanta que esto no son soluciones definitivas, tenéis que encontrar una combinación que se ajuste a vuestras necesidades.

1. Clavo y limón. Por si no lo sabíais, el limón para los mosquitos es lo que sería el ajo para los vampiros. Coged los medios limones que se mueren de asco en la nevera y perforadlos con clavos aromáticos (especias, las venden en el supermercado). Dejadlas reposar al lado de la mesita de noche. Lo podéis combinar con aquellos botes de extracto de citronela que venden en las ferreterías y también se dejan abiertos cerca de la cama.

2. Trampa atrapamosquitos casera. Muy divertida, sobre todo si sois nostálgicos de las manualidades rollo grupo escolta. Cortad una botella de agua de plástico por la mitad: llenad la parte del culo con una mezcla de 20 centilitros de agua tibia y 50 de azúcar. Añadid un gramo de levadura, sin mezclar, y encajad la parte superior de la botella al revés. La solución empieza a liberar dióxido de carbono, que atrae y engancha a los mosquitos (si envolvéis la botella con un trapo negro, todavía será más efectiva). No es tan eficaz como dicen, pero podréis disfrutar de la muerte dolorosa de una gran cantidad de insectos en primera fila.

3. Difusores eléctricos. Su eficacia está probada, como decía el anuncio: emiten, de manera controlada, un insecticida que contrarresta de manera solvente la invasión de mosquitos. Y no lo echas de menos hasta que no está: por la mañana lo apago, y a los treinta segundos ya tengo mordiscos vampíricos en el empeine del pie. Pero no abuséis: dejadlo en la habitación media hora antes de dormir, y por favor, no lo conectéis al enchufe que tenéis justo al lado de los morros.

4. Aceite esencial de eucalipto. Cuando la histeria de los piojos llena los grupos de whatsapp escolar, los padres mezclan el champú de los niños con unas gotitas de esencia de té. Pues bien, si añadís a vuestro champú unas gotitas de esencia de eucalipto, vuestro atractivo para los vampiros microscópicos disminuirá. Si además un rociáis con té con limón, los malnacidos huirán todavía más (¡y oleréis bien! El sudor y el olor de pies son el café de los mosquitos, los despiertan y excitan. Sí, es una imagen repugnante).

5. Prevención. Evitad dejar vasos de agua llenos y botellas abiertas: el mosquito hembra –que precisamente es el que pica– quiere agua para poner los huevos. Y evitad también productos cosméticos muy perfumados (aquellos que os ahogan en el ascensor, ya sabéis). Mantener la luz apagada en la medida de lo posible por la noche también ayuda, y poner una mosquitera en la ventana del dormitorio ya es de nivel profesional.

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