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¡Clubes abiertos 24 horas en Barcelona ya!

Por
Pau Roca
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Hace unas semanas os hablaba de las medidas ultrarestrictivas que se han aprobado en la ciudad australiana de Sidney respecto al ocio nocturno. Una nueva legislación que prohíbe la entrada a partir de la 1.30 h a clubes, bares, teatros, espacios culturales, locales musicales o cualquier negocio de la ciudad donde se pueda vender alcohol. Una decisión tomada con el objetivo de reducir el consumo desmedido de alcohol entre los jóvenes. Nuestros colegas de Time Out Sidney nos alertaron sobre la nueva ley nocturna que estaba haciendo que más de una docena de bares musicales de la ciudad, algunos de ellos míticos, hayan tenido que cerrar por culpa de estos abusivos toques de queda. Incluso nos explicaban que las ventas de entradas a espectáculos musicales se han reducido más de un 40% y algunos empezamos a temblar al imaginarnos que medidas como esta se puedan llevar a cabo en nuestro país.

Esta noticia se contrapone totalmente con las noticias aparecidas hoy en diversos medios de que las instituciones gubernamentales de Berlín defenderán los clubes de la ciudad, obligando a cualquier constructora que quiera construir apartamentos, negocios o hoteles en la ciudad a hacerlo alejado de los clubes, y si finalmente consigue los permisos para hacerlo, deberá asegurar la insonorización del edificio y asumir los gastos. Qué diferencia, ¿verdad? Es cierto que Alemania siempre ha ido un paso por delante en este sentido: disfrutan de un circuito de clubes, DJ y promotores en las ciudades que llevan muchos años ofreciendo cultura y haciéndolo de una manera profesional, pero lo que sin duda los hace diferentes es el respeto que hay hacia el ocio nocturno. Y hacia aquellos que trabajan por la noche, desde los camareros hasta los DJ (allí el dj no es una 'jukebox'. No está bien visto pedirle canciones. Cuestión de educación y respeto, señores y señoras).

Y es que con educación, cultura y respeto seguramente La Paloma seguiría funcionando. Con educación, cultura y respeto no se fomentarían, se apoyarían ni subvencionarían propuestas musicales que no aportan nada y que sólo desprestigian este derecho común universal que es bailar y escuchar música en los clubes de noche. Hablo de propuestas donde suena música machista y descaradamente ofensiva, todos sabemos cuáles son. Con educación, cultura y respeto no se impondrían sanciones desproporcionadas a los clubes de toda la vida (hola Heliogàbal), ni tendríamos horarios de cierre totalmente absurdos como los que tenemos. Ni cifras de aforo máximo en los clubes ridículas!

Hablando de horarios, con horarios mucho más permisivos el público no tendría la necesidad de salir de los clubes a las 5 de la madrugada en el momento álgido de la noche, no despertarían a los vecinos y la gente volvería a casa de manera escalonada. De hecho, estoy seguro de que no se consumiría alcohol de forma compulsiva como se hace ahora. ¡Y los 'clubbers' podrían usar el transporte público para volver a casa y no tendrían que esperar horas en la calle! Precisamente en Alemania, la gran mayoría de clubes nocturnos tienen horarios de cierre abiertos: muchos lo hacen cuando el público se ha ido marchando a casa y tampoco pasa nada. Tienen muchos menos problemas con los vecinos y la relación entre el público que va a los clubes y la comunidad está totalmente normalizada. Hay, una vez más, respeto y educación, pero ¿sería posible en Barcelona?

En Amsterdam por ejemplo, tienen un alcalde nocturno. Sí, un jefe de gobierno que es elegido cada dos años y que trabaja de la mano del gobierno para apoyar, promover, plantear cambios y mejoras y sobre todo fomentar la cultura nocturna de calidad en la ciudad. Y precisamente en Amsterdam han permitido, siguiendo las directrices de sus colegas de Berlín, las licencias de 24 horas para clubes. Mirik Milan, el alcalde nocturno de Amsterdam, decía en una entrevista hace poco que "si los clubes pueden decidir por sí mismos si quieren permanecer abiertos, entonces habrá menos presión sobre los vecindarios en los que se encuentran ubicados". Clubes de Amsterdam como el Trouw o el nuevo De School son ejemplos perfectos de establecimientos multidisciplinares que ofrecen usos públicos tanto de día como de noche.

Quizás estoy yendo muy rápido y en Barcelona es imposible implementar medidas como éstas. Al menos hoy en día. Quizá lo que nos falta a los barceloneses es precisamente educación, cultura y respeto, pero viendo los cambios políticos que se han llevado a cabo en nuestra ciudad y las pequeñas muestras de acercamiento entre las instituciones y los clubes y bares creo que todavía hay esperanza. Esperanza de que un día nos acerquemos un poco a como son en Berlín o Amsterdam. Sólo un poquito.

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