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Cosas que hemos aprendido de las fiestas de Gràcia

Festa Major de Gràcia 2015, carrer Joan Blanques
©Andreu Gomila

Ya llevamos dos días y dos noches de fiesta mayor de Gracia y podemos asegurar, con una sonrisa en la cara y sin ganas de hacer sangre, ejem, que hemos aprendido algunas cosas del sarao graciense.

1. El Festigàbal tiene futuro en la Sedeta. En su primer año de exilio lejos de la plaza Rovira, el festival que monta el Heliogàbal ha registrado unos números que no están nada mal. Fui el domingo a ver Rombo y la plazoleta de la Sedeta estaba casi llena, con tanta gente como la que hubiera habido en la Rovira.

2. Las birras son baratas. Me equivoqué cuando dije en La guía de supervivencia que las cervezas eran tan caras como el Primavera Sound. En las calles adornadas valen dos euritos. Pero si vas al bar de turno que tiene barra en la calle, la cosa baja hasta el euro y medio. Durante las fiestas, es la única vez al año que puedes beber tranquilamente en la calle un domingo a las seis de la tarde sin que nadie te mire mal.

3. Controlas el acceso a una calle si pones un guardia. No sé si es nuevo de este año, pero la mayoría de las calles intentan controlar el acceso, es decir, que miran que la gente entre por un lado y salga por otra a fin de evitar atascos, amontonamientos, etc. Pero esto sólo es posible si tienes alguien que controle la entrada, como en la calle Verdi. Si no, la gente ni mira los carteles. Y si los ve, hace como si no los hubiera visto.

4. Si tienes un escenario debajo, vete. Tengo la mala (o buena) suerte de tener un escenario bajo el balcón de casa y ahora entiendo por qué todo el mundo de la finca donde vivo se ha pirado. Todo vibra, vidrios, persianas... hasta altas horas de la madrugada. Podría pretender ir de juerga cada noche y meterme en la cama con la cabeza turbia, pero no sé si podría ir a trabajar al día siguiente. Así que creo que lo mejor es irse a casa de un amigo que no viva en el barrio y vivir las fiestas como si fuera un visitante.

5. 86 cabinas de WC no bastan. A ciertas horas de la noche, con los bares a reventar de gente, las calles llenas como un huevo y las vejigas que no pueden asumir más líquido, tal vez tienes que esperar un poco demasiado a la hora de liberar fluidos. De hecho, debe tocar a una cabina por cada 2.000 personas. Y es poco.

6. Los vecinos se lo curran mucho. De las calles más modestas a las que ganan todos los premios es loable el trabajo que hacen muchos gracienses para conseguir que su fiesta mayor sea una de las más bonitas del mundo. La creatividad no tiene límites, desde Japón a 'Avatar', de 'Las cuatro estaciones' de Vivaldi a una escultura icónica de Louise Bourgeois, de la denuncia a las simples banderolas de fiesta mayor.

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