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El día que alguien folló en el metro y se acabó el mundo

Por
Òscar Broc
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Cojo el metro en la parada Liceu con mucho miedo. Espero encontrar una orgía masiva; guiris follando en pelota picada, empotradores bombeando, piernas abiertas en V, pollón como longanizas, vibradores del tamaño de torpedos rusos, pepinos ecológicos, gemidos, ¡corridas! Llevo dos días escuchando y leyendo que Barcelona es una peli porno, que la parada Liceu ha convertido en una discoteca de swingers, que todo el mundo folla en el metro y nadie hace nada para evitarlo. Pero me encuentro lo de siempre. Gente sentada, callada, pensando en sus cosas. Todo muy aburrido.

Después de que una pareja fuera grabada por las cámaras follando en la parada de Liceu la madrugada del pasado sábado, Barcelona se ha ahogado en un tsunami de puritanismo e indignación 2.0. Si no viviera en la ciudad, muy cerca de Liceu, y me dedicara a leer opiniones de columnistas, políticos y presentadores, pensaría que esto es un paraíso de sátiros y súcubos que sólo piensan en mojar el churro donde sea, cuando sea, como conejos de Duracell. Ya veo que no, que todo ha sido un hecho puntual, aislado y magnificado por la grabación de las cámaras, el oportunismo político y la hiperindignación contagiosa de las redes. Una pareja follando ¡HORROR! ¡APOCALIPSIS!

No defenderé una actitud como esta. De todos modos, hay que recordar que hablamos de una pareja manteniendo relaciones sexuales, no de un acto de violencia, una injusticia social o un robo, situaciones mucho más habituales en el metro y en la calle, por cierto. Cada día, en los andenes de Barcelona se producen muchas escenas terroríficas. Hablo de bandas de carteristas desplumando a japoneses, gente que mea en el andén, delincuentes con reggeaton a toda pastilla sin auriculares, prostitutas explotadas ofreciéndose a la entrada del metro, grupos de top manta huyendo y arrollando usuarios...

La imagen es lamentable, por supuesto, y los responsables de seguridad de la parada deberían haber intervenido. De todos modos, lo que realmente me preocupa es la ola oportunista y feroz de indignación y condena que nos ha braseado el cerebro. Me preocupa la mezquindad imperante entre la opinión pública. Me preocupa que haya gente que aproveche una anécdota como esta para hacer sangre gratuita y decir aquello de "esta es la Barcelona de Colau": una extrapolación borderline, vergonzosa, digna de la peor demagogia. Producen mucho más asco y son mucho más peligrosos estos comentarios que la imagen de dos adolescentes follando. El cuñadismo puritano y las ganas de que Colau fracase han encontrado en esta parida un salvavidas impagable. Y es una lástima. Si utilizásemos los mismos esfuerzos y energías en combatir imágenes mucho más impresionantes y ofensivas (sólo hay que pasear una noche por el Raval profundo para verlas) seguramente nos irían mejor las cosas. 

Por cierto, ver a dos personas follar en un andén es impactante, sí, pero me inquietan mucho más los espontáneos que aplaudían, hacían fotos, grababan vídeos y no avisaban a ningún responsable de la estación para evitar la escena. Seguramente, muchos de estos son los que luego envían cartas al director escandalizados y piden una multa ejemplar para la pareja. De hecho, estoy plenamente convencido de que los más indignados son los que tienen el historial más hardcore y sucio de Pornhub. Pondría la mano en el fuego. Y otra cosa.

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