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Bloody Mary
©Maria DiasBloody Mary

En busca del Bloody Mary perdido

Por
Òscar Broc
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Los miembros de la secta del Bloody Mary somos unos toca cojones peligrosos. Estamos jodidamente pirados. No pasamos ni una. Si nos sirven un refrito de jugo de tomate Fruco y vodka barato a 9 euros la copa, somos capaces de invocar a una aberración interdimensional en forma de apio mutante para que se cargue el camarero tuercebotas y evite a los hígados de Barcelona más sucedáneos con lejía y salsa Tomator para guiris sin paladar.

Los falsos profetas deberían saber que el culto a esta bebida es una religión, y con la fe no se juega. En Barcelona, ​​el fraude generalizado del Bloody Mary empieza a ser un problema grave. Podría rellenar las 1008 páginas de "Jo Confesso" con un listado de bares y coctelerías barcelonesas que han aprendido a hacer el Bloody Mary con un tutorial de Vimeo. Para un cóctel bueno que encuentras, has tenido que engullir incontables aberraciones nauseabundas que, salvo el color, son al Bloody Mary lo mismo que Kiko Rivera a la música: caspa camuflada.

No obstante, el culto secreto del Bloody Mary, a través de su diácono, el mismo que os escribe, ha decidido airear el nombre de las criptas donde podrás comulgar de verdad, donde podrás ver la cara de la deidad: una vez pruebes la sangre del verdadero dios primigenio llamado Bloody Mary, la epifanía te hará levitar y hablar en lenguas muertas: bienvenidos a la secta.

1-Picnic. Comerç, 1-3. (Born)

La madre de todos los Bloody Mary de Barcelona. Abundante, denso, en un bote de mermelada, con pepino flotante para amortiguar el picor, rama de apio y una brocheta de regalo con aceitunas o cebollitas en vinagre para mojar. La clave son los condimentos. Le ponen una mezcla de especias y una chorro de Perrins, tabasco o lo que sea, que te calienta por dentro, te deja un picor orgásmico en la garganta y los fines de semana te proporciona el mejor sexo de sobremesa que puedas imaginar.

2-Bloody Mary BCN. Ferran de Blanes, 3. (Gracia)

Bloodymarylàndia. Insuperables, milimétricos, perfectamente equilibrados en la dosis de picante, los tragos de esta a cripta hermana del Old Fashioned no sólo honran el formato clásico, también se desdoblan en variantes con mezcal, aroma de almejas, trufa y todo tipo de experimentos juguetones. En mi funeral quiero que estén ellos en la barra.

3-Collage. Consellers, 4. (Born)

El Bloody del Collage es una sobredosis de clase, calidad, muñeca y estética. Son unos maestros del contenido y el continente. Hacen un Bloody perfectamente ajustado, picantón y con textura de sopa, como debe ser. Los ornamentos cuentan: sábanas de pepino enrolladas, aceitunas y limón. Por cierto, si te va el hardcore, pide el de mezcal. Saldrás volando por la ventana.

4-Solange. Aribau, 143. (Eixample)

Oda al minimalismo. El Bloody que Alfredo Pernía prepara desde tiempos inmemoriales es la esencia de este veneno en estado puro: vaso pequeño y líquido. Nada más. Sin ramas selváticas, sin pinchos, sin aceitunas, sin ficus: sólo sangre, pero una sangre tan pura que pedirás varias transfusiones durante la noche.

5-Balius Bar. Pujades, 196. (Poble Nou)

Una maldita obra de orfebrería. Dicen las leyendas que maceran el jugo de tomate con chile y por eso no le ponen aditivos picantes a posteriori. Las leyendas dicen muchas cosas de su Bloody Mary, como de las cuentas de Jordi Pujol, pero nunca he osado preguntar. Lo mejor es mantener el misterio intacto y beber esta maravilla hasta reventar: el morbo es así de cabrón.

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