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Galería de comportamientos absurdos en la Noche de los Museos

Por Mónica Boixeda Möller
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Vuelve La Noche de los Museos y, con ella, el repentino interés por la cultura. Mejor dicho, la cool-tura: la tendencia más o menos generalizada de relacionarnos con el sector más artístico y cultural de nuestra ciudad con el único objetivo de aumentar nuestros seguidores en Instagram, y, en definitiva, ser más guays.

La parte positiva es, evidentemente, que gracias a este tipo de iniciativas, parece que poco a poco arte y calle se van acercando, de manera que la esperanza de que algún día el arte deje de ser cosa de una élite de snobs pretenciosos va creciendo paulatinamente.

El punto débil es que, lamentablemente, la mayoría acostumbra a quedarse en la superficie más fotogénica, con filtros o sin ellos, sin llegar a captar la auténtica esencia de lo que tienen el privilegio de descubrir por una noche.

Porque, seamos honestos, para muchos La Noche de los Museos es probablemente la segunda o tercera ocasión en que ponen los pies y los ojos en uno de estos espacios de exposición, más allá de las fatídicas excursiones de la época escolar. Y precisamente por esta falta de costumbre, La Noche de los Museos se acaba convirtiendo en una macro-exposición viva de las diferentes actitudes y comportamientos genuinos de una panda de novatos que se esfuerzan por encontrar su lugar en un ambiente poco familiar.

Si tuviéramos que hacer un recorrido por las diferentes fases de este comportamiento, seguramente quedaría una galería parecida a esto:

1. Llegas al museo en cuestión. Teniendo en cuenta que sólo vas para poder presumir después, procuras escoger alguna sala o museo que ofrezca algún extra que te haga sentir ‘como en casa’: unas cervecitas y música que te ayuden a superar el trago, por ejemplo.


2. Primera sala. Hay un texto escrito ocupando toda una pared con letra helvética: esto ya es moderno, estás en el lugar adecuado. Buscas una frase molona para fotografiarla y subirla a tu perfil con algún hashtag del tipo #nochecultural o #nohacefaltaquedisesnadamas.


3. Ahora que ya tienes la foto i el hashtag, puedes dedicarle atención al texto. Lo lees dos veces. Y una tercera. Palabras como ‘la transgresión del espacio’, ‘secuencias narrativas derivadas de la influencia inconformista del nihilismo post moderno’ flotan en tu cabeza. No acabas de entender prácticamente nada, pero confías en que el resto de la visita te irá situando.


4. Primera parada: un cuadro muy sugerente. Te alejas, pones cara pensativa, tuerces un poco la cabeza. Te acercas a leer el cartelito explicativo: ‘Negro sobre blanco’ dice. Y, efectivamente, el cuadro consiste en una mancha negra sobre un fondo blanco. Te esfuerzas por entenderlo y acabas postulando teorías sobre el origen de la existencia humana.


5. Ya te sientes un poco más intelectual. Mañana te comprarás unas gafas de pasta más grandes.


6. Paseas un poco más. Ves a un grupo de gente parada frente a otra obra. Tu instinto de animal social te lleva a mimetizarte y te colocas al lado con la sincera intención de hallar el motivo de tanto interés. Ahora ves Blanco sobre negro. Replanteas tu teoría metafísica. De hecho, empiezas a replantearte tu vida entera.


7. Continuas y descubres una sala oscura donde proyectan un vídeo: esto promete. ¡Además, hay bancos para sentarse! Ya era hora, porque resulta que para ser cool-tureta también hay que estar en forma y con eso no contabas. Te sientas y contemplas unas escenas inconexas, con diálogos en finlandés, subtítulos en sueco, todo ello acompañado de una especie de ruido extraño que te atreves a aceptar como música. Empiezas a notar pequeños síntomas de una incipiente epilepsia desconocida. Al medio minuto ya estás fuera.


8. Esto ya cuenta como haber visto un documental. Y no ha estado tan mal. Mañana te compras las entradas para el próximo Docs Barcelona Festival.


9. Se te empieza a hacer largo. Como te está dando tortícolis de tanto torcer la cabeza, optas por acercarte únicamente a las piezas interactivas. Ahora unos auriculares, ahora una pantallita para responder preguntas que ni te lees, un telescopio, un mapa táctil… ¡menudas virguerías inventan ahora!


10. Aceleras un poco y consigues llegar a la fase final preguntándote si eres el único inepto que todavía no ha captado el mensaje profundo de tantas obras maestras contemporáneas. Vuelves a pensar en el Negro sobre blanco. Eso sí que te ha calado hondo. Lo tuiteas. 

Ya puedes ir a tomarte una cerveza, ¡te la has ganado!

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