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La michelada está de moda

Por
Òscar Broc
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Ahora o nunca. Es el momento de descubrir la michelada antes de que algún blog hipster la ponga de moda y se vaya todo al traste. Hace poco que descubrí esta poción mexicana. La primera vez que la probé no entendí nada de lo que ocurría: la tormenta de sabores de aquel artefacto infernal dejaba el Bloody Mary en un sorbo de agua del Carmen.

Las micheladas son un universo imprevisible, no hay una combinación canónica, es la bebida del pueblo y cada uno la fabrica a su manera. Sin embargo, la receta universal consistiría en mezclar cerveza helada, jugo Maggi, salsa Perrins, zumo de lima, sal y, si tienes, clamato o zumo de tomate. Por cierto, resulta absolutamente necesario rociar el vaso con polvo tajín. Es imposible que esta bomba no te suelte un bofetón de frescura y vigor: ¡llamaradas!

Para mi gusto, en estos restaurantes se hacen las mejores de Barcelona.

1-Tlaxcal (Comerç, 27)

Posiblemente la mejor de Barcelona. Aquí hacen una michelada con cuerpo, espesa como el petróleo, cargada de salsa y picante. Yo siempre la pido con cerveza Modelo negra. Una bofetada de sensaciones indescriptible que hay que beber hasta la última gota. Dice mi novia que el dedo final de la michelada del Tlaxcal sabe a salsa Espinaler. El paraíso.

2-Pachuco (San Pablo, 110)

Una michelada como es debido. En una pequeña taberna fronteriza del Raval. En Pachuco facturan un ejemplar majestuoso, potente, explosivo y de grandes proporciones. Aquí se come y se bebe compulsivamente. Una vez engullí un Margarita de la casa con Coronita y el cerebro se me licuó por las orejas.

3-Chido One (Torrijos, 30)

Con cerveza Pacífico o Modelo negra. La hacen muy concentrada, jugosa y fuertecita. Es una de las mejores micheladas de Barcelona, ​​recuerda a la de Tlaxcal, pero tiene un punto de personalidad propia, una actitud un poco más punk. También la preparan con clamato.

4-La Hacienda (Rec, 69)

Es un mexicano para guiris, quizá no está a la altura de los grandes, pero cuando se trata de hacer micheladas tienen la muñeca rota. Generosas, largas, cargaditas y con los ingredientes muy bien equilibrados. Pican pero no queman. A media tarde entran como música celestial. Tienen Modelo negra.

5- Caravelle (Pintor Fortuny, 31)

Suave, elegante, sin sabores extremos, pero con el inequívoco sello de una michelada de calidad. Seguramente, es la menos reconocible de todas las que he probado, pero entra como terciopelo líquido y está preparada con amor, un activo muy escaso en los tiempos que corren.

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