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Los fans de Star Wars NO son intocables

Por
Òscar Broc
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Soy fan de Star Wars. Muchísimo. Soy tan fan que me acabo de comprar una espada láser Power FX para adultos que me ha costado una pasta y la mirada de desaprobación de mi madre. Guardo las galletas en una cabeza de cerámica de Darth Vader. No soy sospechoso. Tuve todos los juguetes, he visto la trilogía original millones de veces, compro los cómics aunque sean una mierda y como buen seguidor me gustaría ver Jar Jar Binks encerrado en un microondas a plena potencia.

No obstante, ser fan de Star Wars no me impide ver una realidad injusta: en líneas generales, los seguidores de este universo tenemos una inmunidad diplomática que el resto de la comunidad friki no disfruta; una sensibilidad a flor de piel contra críticas y parodias que nos hace especiales.

Te puedes reír hasta que se te caiga la mandíbula de las concentraciones de zombies de Sitges o de los disfraces de Sailor Moon de las otakus, pero si ridiculizas a un seguidor de Star Wars que va vestido de stromtrooper a comprar los croissants o utiliza condones con la cara de Yoda en la punta habrás cometido un grave error. Con Star Wars no se juega, forastero. Quizás se debe al poder de la fuerza, a las ínfulas místicas de la saga, a las ensaimadas intergalácticas de Leia, yo qué sé; la realidad es que si te ríes de un seguidor, tendrás a toda la mafia de fans encima, clavándote sus muestras de indignación como si fueran espadas láser, intentado estrangularte sin manos, como Darth Vader.

La Guerra de las Galaxias me cambió la vida y aún hoy me fascina su mitología, pero cada vez me cuesta más digerir el sentimiento de superioridad de sus seguidores, como si su pasión fuera mucho más respetable y profunda que la de los otros frikis del universo. En el fondo, es tan ridículo y maravilloso un tipo disfrazado de Spock como un señor de mediana edad disfrazado de Chewbacca. De todos modos, con el estreno de El Despertar de la Fuerza, el núcleo duro de radicales de Star Wars se siente más legitimado que nunca. De hecho, en estos momentos, hacer algún comentario fuera de lugar o alguna broma políticamente incorrecta sobre la familia Star Wars es tan peligroso que te puede costar semanas de persecución y exigencias de disculpas.

Lo más flagrante es que si la avalancha de promociones, anuncios, spots y trailers virales que nos hemos tenido que tragar los últimos 50 días hubiera estado dedicada a Los Juegos del Hambre, Star Trek o Los Guardianes de la Galaxia, las redes sociales habrían sido crueles, inclementes, ultraviolentas. Pero con Star Wars no. Algo nos impide machacarla con la misma ferocidad que empleamos contra el cosplayer, el trekkie o el fanático de Juego de Tronos. ¿Por qué? Cada vez estoy más convencido de que hay fans de Star Wars que viven, literalmente, en una galaxia muy lejana. Demasiado lejana.

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