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¿Los niños como antídoto?

Por
Maria Junyent
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En la plaza del Sol hay jóvenes, vecinos de Gracia, turistas, iluminados y borrachos que pasan tardes y noches en las terrazas y también acampados por el suelo. A veces también hay lateros y ruido y gente que grita y que ríe y que aúlla a la luna y otros que se enfadan porque no pueden descansar. Lo que no hay, o no muy a menudo, son niños. Los padres prefieren la plaza de la Virreina o la de la Vila, más agradecidas para dejar que los pequeños correteen libres.

El Ajuntament, que hace y deshace y dice cómo debe ser la ciudad, quiere que los niños vuelvan a la plaza del Sol para reconvertirla en una plaza más familiar y diurna. La flauta de Hamelín que debería atraer a todos como si fueran ratones, es una carretilla llena de juguetes -con chapas, peonzas, malabares y incluso un Twister, por todo lo alto- que estará en la plaza cada tarde a partir de las 17 h.

En un principio la pregunta (si es que hay alguna) podría ser la duda de si lo hacen para el goce de los niños o para acabar con el jolgorio habitual de la plaza. Pero los auténticos dudas son: conseguirán que los niños abandonen la torre del reloj de la plaça de la Vila para trasladarse a Sol, cegados por la promesa de juguetes ilimitados? Y si se trata de dispersar a los más ociosos... Será una solución efectiva enviar una manada de niños como disuasión?

El único hecho, de momento, es la voluntad conciliadora entre ambas tribus por parte del Ajuntament: los niños deberán sustituir las pelotas de cuero para pelotas de espuma, demasiado ligeras como para derramar ninguna cerveza de la plaza en vano.

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