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No me robes Barcelona

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La Barcelona sobre la que me gusta escribir es la Barcelona de la calle. A mí, Mar Romero. La Barcelona que se observ des de las aceras, des de la bici y del bus. La incongruente Barcelona, la Barcelona pública, la poliédrica Barcelona que acoge los grandes conflictos cotidianos de los que vivimos aquí. Barrio Barcelona. 

Seguro que ahora mismo todos tenéis en mente la imagen idílica de nuestra ciudad que tanto nos gusta evocar. La luz a través de los plataneros sobre el suelo. Y tal.  

Hoy no hablaré de esto. La Brcelona callejera a veces es mucho peor. A veces, a mí me roban mi Barcelona callejera. Me la roban cuando me gritan "guapa" por la calle. Cuando voy en bici y un tío me espeta "take me home, baby". Me la roban cuando me hago pequeña de noche al pasar por delante de un grupo de hombres ruidosos. "No busques el contacto visual, anda con la cabeza alta". Con un poco de suerte, sólo me iré con su asquerosa mirada clavada en la nuca.  

No me grites guapa. No te lo he permitido. No soy una piel que espera que le des un uso. No soy un recipiente que debes llenar. No soy un cuerpo constantemente en el punto de mira de una sociedad patriarcal que se cree con el derecho a opinar sobre mi culo. Si me quieres decir alguna cosa, me la dices a la cara, no des del otro lado de la calle. 

Barcelona también es mía y el espacio público es mi arena. Pero yo no soy tu particular espacio público. No me robes la ciudad a base de privarme de sentirme cómoda en la calle. No nos mintamos. La Barcelona que veo y vivo desde las aceras, desde la bici y desde el bus rebosa violencia. 

 

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