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No pronunciarás 'cangreburger' en vano

Por
Ricard Martin
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La codicia hace mear a los abogados fuera de tiesto, hasta el punto de que quieren ordeñar la teta del parné –esto es, poner una demanda– por conceptos que son más o menos universales. Un ejemplo reciente: hace poco, publicamos una reseña sobre la cangreburger que prepara el cocinero Adelf Morales en el restaurante Topik: una hamburguesa de cangrejo de concha blanda, preparada con la sencillez y la originalidad de los mejores platos de este excelente cocinero. Morales, como buen padre de familia, debe haber visto la serie de dibujos animados de Bob Esponja y las hamburguesas que la esponja-queso prepara en un diner submarino debieron encender la yesca de su creatividad. El cocinero se ha inspirado sólo en el concepto de una hamburguesa de cangrejo, una idea que en esencia es mas vieja que el mear de pie, si me permitís la ordinariez, pero que Morales ha llevado a cabo con una resolución del todo original.

Pues se ve que el chef ha recibido una comunicación del bufete de abogados que defiende los intereses del estudio de animación del simplón amarillo: según ellos, ha roto cuatro protocolos legales, cangreburger es una marca registrada y se enfrenta a una demanda por valor de 4.000 euros. Yo creo que pueden llegar más lejos y acabarán demandando a los palitos de surimi y a los pescadores de cangrejos. Y ya de paso, a los fabricantes de esas alpargatas de playa transparentes, las cangrejeras.

Supongo que las grandes marcas tienen esbirros conectados las 24 horas a internet, googleando a ver quien invoca el nombre o la imagen de su producto en vano. Hacia el 2009, creo que publiqué la palabra «dónut» y una semana después el entonces director de la revista recibió una carta que nos instaba a no usar más el vocablo, bajo pena de demanda (creo que todavía la guarda como fetiche).

Todo muy bizarro. Pues toma: cangreburger! Dónuts!

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