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Por qué Lluís Homar se merece el Max

Por
Andreu Gomila
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Lluís Homar recibió anoche el premio Max al mejor actor por su papelazo en 'Terra baixa', la obra de Àngel Guimerà que, con la ayuda de Pau Miró, despojó de de hojarasca para convertirla en un monólogo en el que el intérprete hacía todos los papeles, de Manelic a Marta. Estuvo tres meses en el Borràs y la cosa fue 'in crescendo', hasta el pleno final. Un aviso: la próxima temporada volverá.

Ésta, de hecho, es la temporada de Homar, porque al 'Terra baixa', deberíamos añadir 'L'art de la comèdia', la obra de Eduardo de Filippo que dirigió y protagonizó el TNC, seguramente, para mí, la mejor obra de la temporada. Un texto total que Homar hacía suyo, un texto muy incisivo sobre la relación entre el teatro y la política, donde el actor se preguntaba si la cultura era un bien de primera necesidad, si necesitábamos grandes teatros de vidrio y mármol, si tenía sentido el trabajo al que ha dedicado toda su vida. Y no nos olvidemos de la pieza anterior, el 'Terra de ningú' de Pinter, dirigida por Xavier Albertí, donde compartía escenario con José María Pou. Aquí hacía un Spooner delicioso, callado, casi inmóvil, manos en los bolsillos, que expresa todo lo que dice con el gesto.

El actor se merece el Max –aunque sea un galardón de baja graduación, a menudo de criterio difuso– por muchas razones. En primer lugar, porque no hace mucho que ha vuelto al teatro. Homar estuvo muchos años sin subirse a un escenario. Le mordió el gusanillo del cine y la musa teatral se fue. Estaba cansado de tanta batallita, sobre todo por culpa de aquellos años difíciles, en los 90, en los que dirigió el Teatro Lliure.

En segundo lugar, porque nos quedan pocos actores de raza. Y cuando digo esto quiero decir intérpretes que trabajen desde el vientre y que no tengan vergüenza de mostrarse a sí mismos en escena. Me decía Àlex Rigola el otro día que estaba en contra de la construcción del personaje, que él quería verdad: "El personaje asume las características del intérprete, no sólo físicas, sino también de pensamiento, excepto lo que se ven obligados a defender ". Esto parece fácil y es lo más difícil del mundo. Homar lo hace.

Homar, en tercer lugar, está ahora en disposición de poner en marcha proyectos teatrales en solitario, como las estrellas de Hollywood, en los que él monta el equipo y busca financiación. Para 'Terra baixa', encontró la complicidad de Temporada Alta y él mismo puso dinero. Esto significa ser libre, cuando eres un artista que se ha pasado toda la vida en un escenario. El Max puede ser un acicate para que se invente alguno de estos proyectos totales que nunca lo han atemorizado.

Por último, debemos reconocer la generosidad del actor. Siempre busca complicidades e incluso se acerca a gente que no es de su 'pandilla' –no olvidemos que esto del teatro va de 'pandillas'–, como ocurrió con' Terra baixa': le encargó la dramaturgia a Miró, dramaturgo y director que se encuentra bastante lejos de los parámetros estéticos de Homar. Se entendieron muy bien y la cosa fluyó. ¡Felicidades!

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