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Quien y qué hace más ruido en Barcelona

Por
Andreu Gomila
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Hace años que el Ayuntamiento de Barcelona promueve una campaña veraniega sobre el ruido en la ciudad, en la que insta a los barceloneses a bajar la voz por la noche. Hace años y años. Cambian los anuncios, los gobiernos, los alcaldes, los responsables de las campañas... Pero todo sigue igual. En ciertos barrios, siempre te topas con gente que encuentra un gusto infinito a la hora de chillar a las tres de la madrugada. Y, por norma general, cabe decir que los que más chillan, los que más alboroto nocturno provocan, son los barceloneses, no los demonizados guiris. Hace dos años que vivo en una calle ruidosa de Gracia y he hecho un análisis de las fuentes de ruido y las nuevas modas al respecto.

1. Chavales que pasean con el altavoz a top trapo. Sí, ha vuelto. Pensábamos que con la desaparición del radiocasete a pilas, no volvería aquella moda de llevar el tocata encima con el volumen a nivel de rompetímpanos. Pero ocurre que ahora hay altavoces portátiles que se conectan vía bluetooth. Y suena reaggeton, techno, cumbia... Gente de aquí que no quiere parar de bailar, ni cuando va por la calle a las dos de la madrugada!

2. Borrachos que creen que viven solos en el mundo. Un ejemplo: un grupo de tres amigos, normalmente chicos, que están tan contentos de haberse conocido que lo tienen que hacer saber a todo el mundo. Les importa un pito que su amistad nos importe un bledo, que sean las cuatro de la madrugada y que mañana te tengas que levantar a las 7:30. Ellos, venga a cantar, a golpear los contenedores, a dar palmas. Quizás cantan el himno del Barça a mediados de julio (¿pero la liga, la Champions y todo lo demás no acabaron hace meses?!) o 'Boig per tu' (pobres) y dan por saco hasta que sale un vecino que los amenaza de muerte. Aquí, las cosas se hace así.

3. Chicos y chicas con guitarrita. Esto debe depender del barrio, pero si vives en un barrio hippie, estás destinado a sufrir el furor adolescente de hombres y mujeres que van arriba y abajo con la guitarrita al cuello y con ganas de cantar a todas horas... También a la una de la madrugada, bajo tu ventana. Son tan lindos que te da pena enviarlos a paseo.

4. Los clientes tardíos de los bares. Si tienes un bar con unos dueños irresponsables debajo de casa, estás destinado al frenopático, sobre todo si te lo instalan cuando ya hace tiempo que vives en tu pisito idílico -si te lo encuentras, no hubieras ido- . De repente, pam, abre un bar de hooligans que ven tres partidos de fútbol seguidos en una tarde-noche y ya puedes decir adiós al sueño plácido. En el Heliogàbal, por ejemplo, tenían un tipo que se dedicaba a callar a la gente que estaba en la calle. Y miren, siguen cerrados, por vergüenza de muchos. Porque el problema no suele ser que el bar se pase o no de los decibelios, sino la gente que sale a la calle a charlar como si estuviera en el campamento de verano de cuando tenían 10 años.

5. Los camiones de la basura del siglo XX. Sí, sí, ya pueden ir haciendo campañas eternas contra el ruido, pero quien hace más ruido es el Ayuntamiento. Tal cual. Hay unos camiones de la basura modernos, eléctricos, que casi ni los oyes. Pero si te toca un trasto del siglo XX en tu calle, vas listo. De repente, a las 2 de la madrugada, parece como si el mundo se derrumbase. Y peor aún: el día que recogen los trastos ya es demasiado. Golpes, caídas desternillantes, quebradizas... Un estruendo extraordinario provoca que hagas un salto de la cama y que pienses que esto no puede ser. Otro verano, te miras la campaña del Ayuntamiento contra el ruido y piensas: ¡en casa del herrero, cuchillo de palo!

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