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Sobre la terraza del Zurich

Por
Òscar Broc
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El Zurich en peligro! Colau se quiere cargar un símbolo de Barcelona! Todos hemos leído titulares apocalípticos y hemos escuchado a tertulianos lamentarse de esta Barcelona punk y profana con los símbolos. El café Zurich afronta un momento complicado, la ordenanza de terrazas puede hacer desaparecer una buena parte del océano de sillas y mesas que tiene el establecimiento en la acera. Se ha dicho que se eliminará toda la terraza, incluso que se cerrará el café, cuando en realidad se habla de eliminar una parte de la terraza para hacer más cómoda la circulación de esta especie en vías de extinción conocida como peatón.

Sorprende la preocupación desmedida que ha generado esta posible poda vía ordenanza. Alguien ha decidido que el Zurich es un emblema de Barcelona, ​​tal vez deberíamos preguntar al resto de barceloneses qué parte hay de verdad en esta afirmación tan tajante. Considero el Zurich es un punto de encuentro, una pieza con historia, sí, pero por mucho que fuela admitirlo, comenzó a diluir las su esencia cuando se sumó al parque temático para guiris y cruceros en los que se ha convertido el centro de Barcelona. Por otra parte, el argumento del punto de encuentro no se sostiene por ninguna parte. ¿Que todo el mundo quede en el Zurich lo convierte en un emblema de la ciudad? Entonces la Apple Store de Paseo de Gracia debería ser proclamada patrimonio histórico.

Empiezo a pensar que en este guerra importa muy poco el desenlace. El Zurich es una imagen tan popular que el detractores sistémicos de la administración Colau no pueden creer la suerte que han tenido con esta polémica. La (posible) intervención en la terraza de un lugar tan célebre y las posibles víctimas son las excusas perfectas para cargar gratuitamente contra una alcaldesa sin sentimientos que no quiere saber nada de la Barcelona antigua, que deja trabajadores en la calle, que se carga símbolos y tradiciones como si estuviera haciendo una partida de Space Invaders, bla, bla, bla. El Zurich es un gran altavoz, y tanto que sí.

La realidad más dolorosa es que los contribuyentes que aún vivimos en la prehistoria y nos desplazamos a pie por la ciudad tenemos derecho a disfrutar de mayor movilidad en una aceras cada vez más intransitables, llenas de obstáculos y obras, de bicicletas, skates, patinetes y todo tipo de vehículos sobre ruedas. Las terrazas deben ser respetuosas con el espacio del peatón y deben ser contenidas con una ordenanza racional y justa. Hay lugares donde tienes que hacer slalom para circular entre la acumulación de sillas, sombrillas y mesas.

Nadie dice se carguen el Zurich, al contrario: mi deseo es que siga donde siempre durante muchos años más. Sencillamente se trata de imponer un poco de sentido común en una confluencia urbana hiperpoblada y necesitada urgentemente de más espacio para el transeúnte.  Una aplicación flexible de la normativa, que será el que acabará pasando, estoy convencido, debería permitir una coexistencia equitativa entre el café y los peatones y, por supuesto, no debería desembocar en el apocalipsis que vaticinan algunos. Una iniciativa privada, por muy emblemática que sea, no puede ir por delante de los intereses de la mayoría.  

El problema es que el descontrol de la burbuja de las terrazas nos ha llevado a situaciones lamentables como ésta, donde hay un drama que trasciende el pulso entre el gremio de restauradores y el ayuntamiento o el oportunismo anti-Colau: que en esta refriega se puedan quedar trabajadores sin trabajo por el camino. No desearía a nadie que pierda el trabajo, y mucho menos a los exquisitos camareros del Zurich: no lo merecen.No obstante, lo más fácil aquí es jugar la carta de la nostalgia, la alarma y el simbolismo para abonarse a los argumentos más populistas de la pataleta anti-Colau. Curioso, porque un montón de comercios históricos, algunos de ellos mucho más simbólicos que el Zurich, cerraron dramáticamente durante la anterior administración por culpa de la presión turística; comercios que sí dejaron un auténtico reguero de trabajadores en la calle. Dónde estaban los titulares alarmantes entonces? Dónde estaban los aspavientos?

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