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Ventajas e inconvenientes de quedarse trabajando en Barcelona en verano

Por Mónica Boixeda Möller
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Empieza julio y una pregunta resuena en la cabeza de gran parte de la población trabajadora de la ciudad: "Y tú, ¿cuándo haces vacaciones?". Para muchos puede parecer una pregunta inocente, sin más relevancia que empezar una conversación de ascensor, pero para otros es la constatación definitiva de que somos unos pringados. No, no hacemos vacaciones en julio ni en agosto, gracias. Como mucho una semana.

Los desgraciados que trabajamos en Barcelona en verano nos reconocemos entre nosotros y nos damos apoyo mútuamente para hacer que la situación sea menos dolorosa. Y seguro que todos estamos bastante de acuerdo en que trabajar en Barcelona en julio y agosto tiene muchos inconvenientes, pero también algunas ventajas...


1. Inevitablemente se crean dos bandos: los que hacen jornada intensiva durante los meses calurosos y los pobres que no modifican ni si quiera un minuto de su jornada laboral. Es decir, empresas con un poco de piedad y empresas con el corazón tan frío que disfrutan viendo sufrir a toda su plantilla de zombies blancos y desmotivados.

2. En la misma oficina también se forman dos equipos enfrentados a muerte: el equipo aire acondicionado vs. el equipo 'mejor abrimos las ventanas'. Las altas temperaturas en el trabajo en vez de provocar encuentros calientes, enciende fuegos de ira que solo se podrán resolver con una buena birra 'afterwork'. O a veces ni así.

3. Las redes sociales te hacen sentir desgraciado. Solo ves fotos de pies en la playa, mojitos, gente haciendo el idiota bajo el agua... Te miras y todo lo que ves son tus pies blancos bajo la mesa, el café aguado y una mosca nadando dentro.

4. Los grupos de whatsapp son más de lo mismo. Si tan bien se lo están pasando, ¿por qué no dejan de molestar? Respuesta recomendada: emoji flamenca + caca con ojos.

5. De acuerdo, tus amigos estarán bailando en la Full Moon Party de Tailandia, pero todos sabemos que como las Fiestas de Gràcia o de Sants no hay nada. Allí sí que vivirás experiencias insólitas y te relacionarás con personajes exóticos. Y, total, las borracheras son iguales aquí que en China: después nadie recuerda nada.

6. Nuestros jefes acostumbran a irse de vacaciones también durante esta temporada, así que no tienes que sufrir por llegar con resaca al trabajo después de estas fiestas locas.

7. Calor asfixiante en la calle y frío polar en la oficina. ¿Resultado? Resfriado en pleno agosto. Si eres uno de estos afortunados, te felicitamos: has adquirido el nivel máximo de estar puteado. Y no tienes ni premio.

8. El mar es un tesoro. No perdemos de vista que tenemos mucha mucha suerte de poder disfrutar de unas minivacaciones cada fin de semana. Es probable que tengamos que soportar colas en la autopista o trenes a reventar con gente sudada y olores sugerentes, pero, eh, los autobuses de Tailandia tampoco son mucho mejores.

9. En la ciudad el tráfico aligera y por fin puedes ir con tu bicicleta tranquilamente dejando que la brisa marina acaricie tu piel. Ah no, que todas las estaciones de Bicing están vacías.

10. Puedes aprender de los errores y aciertos de los malditos vividores que están de viaje y planear tus merecidas vacaciones con mucha más información. Aprovechémonos y utilicémoslos como conejillos de Indias. Así cuando tú organices tu súper viaje a Bali en noviembre sabrás exactamente qué tienes que hacer: colgar 300 fotos en Facebook y etiquetarlos a todos.

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