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¡Viva la playa para perros!

Por
Òscar Broc
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Hace unos meses, desde este blog, un servidor pedía que los perros pudieran ir a la playa. Era un clamor que se escuchaba desde hacía mucho tiempo entre los propietarios de mascotas que viven en Barcelona y les gusta disfrutar de la arena con sus cánidos. La semana pasada, la teniente de alcalde de Ecología, Urbanismo y Movilidad, Janet Sanz, anunciaba que este verano se abrirá un espacio para perros de 1200 metros cuadrados en la playa de Levante de la ciudad. Durante la temporada de baño, la presencia de perros en la playa está terminantemente prohibida (y multada) a cualquier hora del día; esto explica que, a pesar de la insuficiencia de las cifras, la iniciativa sepa a victoria para los que amamos estos mamíferos. Nadie pensaba que esto llegaría. Parece que la relación entre el Ayuntamiento y los propietarios de perros afronta una nueva era.

Si lo analizamos de forma realista, estos 1200 metros no solucionarán nada; el señor que lleva su perro a la playa de Sant Sebastià a las 8 de la mañana, lo seguirá llevando allí, no se desplazará hasta la otra punta del litoral. Yo soy más radical y creo que, en época de baño, debería estar permitido llevar el perro a cualquier playa, en una franja horaria matinal; de 6:00 a 9:00, por ejemplo. La playa está desierta y las discotecas a pie de arena vomitan guiris embriagados que lo dejan todo como un vertedero nuclear. Me parece ridículo que en 2016 permitamos que turistas drogados dejen la arena de la Barceloneta llena de mierda, desperdicios, secreciones y condones usados, pero, oh, nos arranquemos el pelo porque un perro corre por la playa.

Sin embargo, hemos hecho un avance enorme y, como prueba de fuego para incrementar el número de espacios en la playa para perros en un futuro, el proyecto de la playa de Levante trasciende la categoría de prueba piloto y supone un paso adelante que dignifica enormemente la ciudad. Además, el conjunto de iniciativas que ha ideado el Ayuntamiento en todos los distritos en forma de espacios de recreo para chuchos es también esperanzador y parece responder el afán de Barcelona por ponerse a la altura de otras capitales europeas, como París o Berlín, en su relación con estos animales.

Seguro que habrá gente que no lo entenderá y se lamentará agresivamente de que el Ayuntamiento debería dedicarse a arreglar cosas más importantes; aparecerán los "cuñaos" que se quejarán de las cacas y la falta de higiene, los mismos hipócritas que luego se mean en el mar o arrojan colillas a la arena y se quedan tan a gusto. En fin, siempre habrá gente corta de miras, incapaz de entender que la forma de tratar y considerar las mascotas dice mucho de la generosidad, civilidad y empatía de una ciudad y sus habitantes. ¿Sabéis qué? Aunque insuficiente, este rectángulo de playa que tan furiosos pondrá a unos cuantos amargados, me hace sentir muy, pero que muy orgulloso de Barcelona. ¡Viva la playa para perros!

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