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Yo, turista

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Hola, me llamo María José Gómez y soy una turista. Sí, lo confieso. Y reincidente. De hecho, este verano también me iré fuera de Barcelona a hacer de turista en un lugar que espero que no sea muy turístico. O al menos eso es lo que he buscado mientras planeaba las vacaciones. Porque es lo que buscamos todos: sitios auténticos, fuera del circuito turístico. Decir ahora que un lugar está lleno de turistas en Barcelona es sinónimo de peste: no importa si en el restaurante se come de puta madre... está infectado por el virus del turismo: ya no tiene solución, lo tenemos que abandonar a su suerte. No volveremos. Como si la sola presencia de personas que han venido a pasar unos días a nuestra ciudad quitara valor a un local: o visto a la inversa, que un lugar lleno de barceloneses tuviera valor añadido. ¿No es un poco extraño? Sobre todo teniendo en cuenta que cuando vamos a un restaurante difícilmente cruzaremos una palabra con el vecino de la mesa de al lado.

Últimamente, el turismo es el coco de Barcelona. Y yo empiezo a estar tan saturada de la ridiculización/demonización de los guiris, como cariñosamente los llamamos, como de las molestias que provocan. Si hablamos de meados, ruidos y otras conductas propias de la mala educación, estoy convencida de que el porcentaje de visitantes incívicos es pequeño en relación al número total de turistas. Si los 7 millones de personas que nos visitan al año orinasen en la calle tendríamos que ir a trabajar en barca.

Con esto no defiendo que no haya problemas vinculados al turismo, claro que los hay, que les pregunten a los vecinos de la Barceloneta y de Ciutat Vella, pero creo que son unos cuantos cafres los que dan una mala imagen de una inmensa mayoría de gente que sólo quiere disfrutar de unos días en una ciudad maravillosa. Si hablamos de los problemas más profundos, los que realmente cambiarán definitivamente Barcelona tal como la conocemos ahora, como la hiperproliferación de hoteles y pisos turísticos, no son culpa de aquella persona que en un momento compró un billete y se plantó en Barcelona, ​​sino del Ayuntamiento, que debe regular todas estas cuestiones y vigilar que nuestra ciudad no pierda su identidad y sea un buen lugar para vivir.

Recordemos también que si ponen una tienda de recuerdos donde antes había una tienda centenaria, no es responsabilidad del turista (ni siquiera del crucerista). Y que si un barcelonés o barcelonesa decide poner su vivienda como piso turístico o en Airbnb tampoco es culpa del guiri: es que llegar a fin de mes en Barcelona es realmente jodido.

El problema no son los turistas, sino el turismo masivo: no deberíamos atacar a las personas, sino el modelo de negocio.

La aversión hacia los turistas se está haciendo patente desde las formas más sutiles hasta las pintadas de 'Guiris go home' y 'Tourist, you're the terrorist'. Yo, la verdad, no dejo de pensar en eso cuando compro un billete de avión para visitar otros lugares.

(La foto que ilustra el post fue tomada en 2009. La pintada actualmente ya no existe)

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