Global icon-chevron-right España icon-chevron-right Barcelona icon-chevron-right El tierno humor de Pierre Étaix

El tierno humor de Pierre Étaix

La Filmoteca dedica un ciclo a este 'pierrot lunaire' tardío

Por Josep Lambies
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Decía Donald O'Connor en su anárquico 'Make them laugh' que basta resbalar con una piel de plátano para tener el mundo a tus pies. Un día alguien investigará cuántos cómics han muerto de hambre persiguiendo este sueño. Por suerte, Pierre Étaix no es de los que han acabado en la indigencia, pero las ha pasado canutas para vivir con dignidad de sus películas. Por una disputa de 'royalties', muchos de sus trabajos no se empezaron a exhibir hasta hace tres años. Ahora que el litigio está superado, la Filmoteca le dedica un ciclo, el 'must' del momento.

En 1960, Jacques Tati organizó un espectáculo de 'music-hall' en el Olympia de París con toda su 'troupe' de 'clowns', mimos y otros ejemplares anatómicos que parecía que tuvieran barras de plastilina donde en la mayoría de casos hay un húmero sin aptitudes. Entre otros, estaba Pierre Étaix, un Max Linder sin sombrero de seda ni guante blanco que le había dado una mano en la creación de gags para 'Mi tío'. El show, que se llamaba 'Jour de fête', fue el primer empujón profesional para este 'pierrot lunaire' tardío. En los dominios del 'slapstick', quiero decir. Porque ya se le había visto vistiendo uniforme de rayas en el 'Pickpocket' de Bresson.

Desde los años 20, cinéfilos y otros pendencieros con criterio se hacen sangre enfrentados en una polémica que no resolverían ni los descendientes del rey Salomón: ¿quién es mejor, Chaplin o Keaton? He gastado mucho dinero en bravas intentando averiguarlo, y nunca he llegado a ninguna conclusión. Pero ahora tengo un tercero que concentra lo mejor de cada casa. De Chaplin, aquella tímida melancolía que inunda la pantalla al final de 'Luces de la ciudad'. De Keaton, aquella paciencia mecánica que le llevaba a jugar a trenes en 'El maquinista de la General'. Un año después del Olympia rodó su primer cortometraje, 'Rupture', con guión de Jean-Claude Carrière.

Es uno de los buenos. Con su segundo corto, 'Hereux anniversaire', se llevó un Oscar en 1963, y su carrera se disparó hacia proyectos de duración más ambiciosa, como 'El pretendiente' o 'Gran amor'. Pero la buena racha duró poco. Cuando comenzó la década de los 70 se retiró de las cámaras y fundó la École National de Cirque. Quizá por eso ya sólo lo recuerdan cuatro franceses de mediana edad que lo vieron haciendo de saltimbanqui cuando eran pequeños. Ellos y Aki Kaurismäki, que propició su regreso a las salas de cine dándole un secundario en 'Le Havre'. Ya es hora de que sigamos su ejemplo.

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