Liv Ullmann en la Filmoteca

La Mostra de Films de Dones le dedica un ciclo a la musa de Ingmar Bergman
Liv Ullmann
Por Josep Lambies |
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Te lo dijo Erland Josephson, cuando estabais a punto de firmar los papeles del divorcio: somos analfabetos emocionales. Hemos aprendido gramática y álgebra, pero en lo que se refiere a nuestros sentimientos somos totalmente ignorantes. Después te hizo el amor en el suelo de su despacho. Sin piedad, pero con afecto, como lo hace un marido de verdad. Liv, yo no sé cuántas veces he visto 'Secretos de un matrimonio'. Los seis capítulos, una vez tras otra, desde que el muy animal te plató por una mosquita muerta de veinte años hasta que os escapasteis, como dos amantes furtivos, a una cabaña cerca del mar. Erais muy jóvenes, Liv. Muy muy jóvenes. Y, a pesar de las infidelidades y las traiciones, os queríais.

Bergman nos enseñó las inclemencias de este mundo, peor también nos enseñó que con una linterna mágica las cosas tienen otro aspecto. De pequeño veíamos 'Fanny y Alexander', y nos fascinábamos con la historia de la pobre Arabella, con el fantasma de Hamlet y con la momia de casa del tío Isak que, después de miles de años, todavía respira bajo la mortaja. De más mayores vimos 'El séptimo sello' y 'Los comulgantes', y conocimos algunas de las más tétricas verdades de la vida. La vida que nos cambió, Liv, cuando te vimos en 'Persona'. Eras Elisabeth Vogler, una misteriosa actriz que un día, ante las cámaras, dejó de hablar. Estabas oscura, torturada e inmensa.

Pero inmensa, Liv, has estado para siempre: vestida de blanco en aquella habitación rojo Matisse en 'Gritos y susurros', enfrentándote a Ingrid Bergman como una fiera felina en 'Sonata de otoño', o conduciendo como una maníaca suicida coja por las curvas embarradas de 'Pasión'.
Pocas han sabido aguantar un primer plano como tu, Liv. Quizá Gena Rowlands borracha como una cuba bailando 'El lago de los cisnes' en 'Una mujer bajo la influencia', quizá la Falconetti haciendo de Juana de Arco. También Anna Karina tuvo sus momentos. Pero la fiebre nórdica que le has dado a todos y cada uno de tus papeles, Liv, esto no lo hemos visto en ninguna otra.

No sé si llegaremos a conocer tu historia al completo. En el 2000 nos explicaste una parte en 'Infiel', tu tercera película como directora, y uno de los exabruptos emocionales más grandes que he visto nunca. Él se llamaba Bergman. Ella, Marianne, como la Marianne que interpretabas en 'Secretos de un matrimonio'. No había que ser un genio para darse cuenta: lo que descubrías eran las exequias de tu tortuosa relación con el gran maestro, el que te convirtió en todas aquellas mujeres valientes, sufridas y marcadas por los latigazos del azar. También vosotros fuisteis dos analfabetos emocionales. Pero os hacíais entender.
En 2003 apareciste en su última película, 'Saraband'. Era el séptimo episodio de 'Secretos de un matrimonio', treinta años después de aquel final en la playa, entregado a una eternidad de amores y separaciones. Tu y Erland os encontrabais por última vez, ya mayores, y os dabais el uno al otro en un abrazo interminable. Bergman murió cuatro años después. Erland, a principios del 2012. Y mientras escribo esto, Liv, tu estás en America, acabando de montar tu adaptación de 'La señorita Julia'. Quisiera que leyeras estas últimas líneas, aunque no te hagan justicia, que no escondan ni un breve esbozo de lo que eres y has sido. Como vosotros, soy un analfabeto. Pero un analfabeto que se pone a tus pies.

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