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Michel Gondry

Michel Gondry, ¿enfant terrible?

En ‘The We and the I’ no hay animales de felpa ni muñecos de plastilina. Gondry se ha puesto la bata de sociólogo. Lo podréis comprobar en el Festival D’Autor

Por Josep Lambies
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Cuesta creer que el Michel Gondry que me coge el teléfono sea el mismo Michel Gondry que hizo que Björk bajara por el esófago de un oso de peluche en el videoclip de 'Human behavior'. Tenemos que reconocerlo, hacía tiempo que nos había prevenido de que estaba en fase de cambios, pero no esperábamos que fuera para renegar de aquellos tubérculos vestidos con gorritos y bufandas que coleccionaba Kate Winslet en ¡Olvídate de mí! ni del caballo de terciopelo de 'La ciencia del sueño'. El enfant terrible venido de Versalles se hizo mayor de golpe a finales del 2010, cuando anunció que había empezado a entrevistarse con un filósofo de la rama de la ciencia cognitiva que le estaba ayudando a descifrar sus sueños obsesivos. Este doctor Freud de la gnoseología era ni más ni menos que Noam Chomsky, el padre de la gramática generativa. "Me sentí tan poca cosa cuando tuvimos el primer encuentro que casi me voy corriendo con mis creaciones de plastilina -me explica Gondry-. Chomsky es un pensador, y yo, en cambio, mira...". Pero esta será otra película.

¿Gondry ha dejado de ser Gondry? Muchos no se hacen a la idea. Como Eric Spitznagel. El día en que lo entrevistó para Esquire le confesó que la primera vez que escuchó hablar de 'The We and the I' entendió 'The wee and the eye'. Traducida con poca gracia, la versión de Spitznagel sería algo así como 'El pipi y el ojo'. "Ah, sí, recuerdo que me lo dijo -responde Gondry, con un entusiasmo tirando a seco -. Pero no, no tiene nada que ver. El título habla de lo que somos, y de cómo nos comportamos cuando estamos en grupo. 'The We and the I' es el individuo enfrentado a la comunidad". Lo último que había visto de Gondry  antes de esto fue un corto que corría por Internet sobre un ratón emprendedor que soñaba con abrir un salón de belleza. La verdad es que me cuesta imaginarlo considerando una lluvia dorada como tema central de una trama, pero postrado ante aquel inofensivo roedor que rescataba unas tijeras de la basura tampoco hubiera dicho  nunca que me lo encontraría en el negocio de la sociología.

No quiero fastidiarle, pero como soy como soy he hecho una lista de los elementos más Gondry que he encontrado mientras veía la película. No son muchos. De hecho, mi lista tiene tres miserables puntos. 1) El ghetto blaster en forma de un autobús pequeño que va rodando por una acera del Bronx durante los créditos iniciales, con el 'Bust a move' de Young MC a un volumen desorbitado. "Pero fíjate que enseguida llega un autobús de verdad que lo chafa", salta Gondry, rebatiendo el primero de mis ejemplos. Sé que esta secuencia medio surrealista se le ocurrió hace muchos años, y la tenía en una de sus libretas, esperando encontrar un lugar donde encajarla. "Originariamente era un tren de juguete metiéndose en los raíles de un tren de verdad -continúa-. Lo adapté para la ocasión. Y lo hice para decirle a la gente como tu: 'mira, este autobús es como mi cine de antes, y me lo cargo, porque esta vez hablaremos de la vida real'. Esto representa el ghetto blaster".

Estamos dentro del autobús. Del grande, claro. Es el último día de clase antes del verano, y los chavales hacen el último trayecto colegio-casa antes de empezar las vacaciones. Aquí un nuevo ítem de mi lista. 2) Si nos tenía acostumbrados a un universo de adultos que se comportaban como niños, ¿podemos decir que el teenager es la conciliación entre los dos extremos? "Lo que sé es que ha sido una manera bastante curiosa de volver a los quince años -me informa-. Yo a la edad de lo chavales de 'The We and the I' era muy introvertido. No me relacionaba con nadie, pero observaba el comportamiento de mis compañeros de clase, sobre todo de los que iban de machos alfa, con el cigarrillo en la boca y haciéndoles putadas a todo el mundo". Objeto de estudio: el adolescente en el momento más irritante del apuro, yendo desde el típico outsider blanco de críticas hasta la mala leche de los bullies.

Gondry no convocó ningún casting. "Lo vi muy claro desde el principio: por mucho que todo fuera ficción, si quería que esto funcionara, todos y cada uno de los actores tenían que conocerse antes -suelta-. Y lo más fácil era que todos fueran compañeros de clase". Empezó por Manhattan, y siguió por Brooklyn, haciendo ruta por las escuela públicas. A nadie le interesó el proyecto. Nota: si yo fuera director de un centro educativo cualquiera y Michel Gondry, genio y figura, viniera a llamar a mi puerta no hubiera tenido el valor de negarme a nada. Debe ser que en Nueva York van sobrados de estrellas. "No tuvimos suerte hasta que llegamos a la Actors School del Bronx, un centro juvenil de desarrollo artístico -continúa Gondry-. Colgamos un cartel anunciando que los 40 primeros en inscribirse participarían en mi próxima película. Y así fue: los 40 primeros en llegar son los que salen en los créditos. No dejamos a ninguno fuera".

Saco la traca final. 3) En este autobús sobrehormonado, corre de móvil en móvil un vídeo de un compañero de estudios que resbala con una pastilla de mantequilla. "Es una de las anécdotas que me explicaron los hijos de la familia Chen -contesta Gondry-. Esos dos segundos de caída los fuimos a rodar a su casa. Y para darnos la bienvenida, su madre nos escribió una carta muy tierna que sale en off al final de todo". De hecho 'The We and the I' es prácticamente un documental. Un documental... ¿como 'Block party'? "Mira, ya has encontrado un vínculo con mi cine anterior", me consuela Gondry. ¿La recordáis? Año 2005. Michel Gondry se alía con Dave Chapell para organizarle una macrofiesta a Clinton Hill y convertirla en una película como la que había hecho Mel Stuart con el Wattstax Music Festival a principios de los 70. Ellos, con un amplio repertorio de grupos neosoul y hip-hoperos invitados al sarao. ¿Cuál es la relación? "La cultura urbana -enuncia Gondry-. Y mi interés por retratarla".

'Rebobine, por favor': Jack Black y Mos Def desmagnetizaban todos los VHS de un videoclub de Nueva Jersey, y para reponer el estoc de cintas se dedicaban a rodar versiones homemade de películas como 'Los cazafantasmas' o algún execrable subproducto del género artes marciales. 'How to blow up a helicopter': la historia de la hija de Steven Seagal, Ayako Fujitani, modelo de publicidad que había conseguido algún papel menor en la industria del cine japonés, gracias a alguna de las entregas de 'Gamera'. También dirigió un episodio del talk show de Jimmy Kimmel. "Pero tu lo que quieres son muebles que se transforman en animales y nubes de algodón -me reprocha-. No sufras, no he renunciado a esto para siempre. Espera a mi próxima peli". Será 'L'écume des jours', adaptación de un texto de Boris Vian con Romain Duris de protagonista que se estrena en Francia a finales de este mes. Gondry dice que habrá platos de espagueti hechos con ovillos de lana. ¡Viva!

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