Ha sido una de las grandes sensaciones del último Festival de Cannes y, de hecho, se llevó el Premio del Jurado. No era la primera presencia del cine de Oliver Laxe en el palmarés del certamen, ya que antes había sido premiado por Todos vós sodes capitans (2010), Mimosas (2016) y O que arde (2019), pero el galardón conseguido este año por la explosiva Sirât es el primero participando en Sección Oficial. Los méritos del cineasta son indiscutibles: la potencia estética del filme va de la mano de una historia que mezcla elementos de road-movie con un aire de wéstern existencial, rematado con dos o tres escenas que dejan al espectador boquiabierto.
La trama de Sirât nos presenta a un hombre (extraordinario Sergi López) que, acompañado de su hijo pequeño, llega hasta el desierto de Mauritania, donde se celebra una rave. El protagonista busca a su hija, desaparecida meses atrás, y las pistas lo han llevado hasta allí. No la encuentra a la primera, pero decide seguir a un grupo de participantes que conducen sus camiones hacia una segunda fiesta techno. Y es en este trayecto donde las vidas de todos ellos se transformarán de maneras que no imaginan. La radicalidad de la propuesta de Laxe y su capacidad hipnótica, tanto por las imágenes como por la música que las acompaña, consiguen que Sirât sea una de esas experiencias que van más allá de la sala de cine; y damos fe de que las imágenes y las sorpresas que se esconden en ella acompañan al público días, semanas, después de su visionado. Una de las indiscutibles películas de 2025.
Dir.: Oliver Laxe (España, 2025). 120 min.

