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Benjamin Alard no se fía de Bach

El clavecinista más deseado trae a Barcelona la música para clavecín del maestro barroco

Por Marta Porter
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Benjamin Alard

Todavía no tiene 30 años y ya es uno de los clavecinistas más buscados por los programadores. El francés Benjamin Alard (Rouen, 1985) estará en Barcelona para hacer dos conciertos en la iglesia de Santa Anna dentro del Festival de Música Antiga de Barcelona. El Palau de la Música le ha propuesto hacer la integral de la música para clavecín de Bach en un proyecto de larga durada.
 
¿Cómo nació el proyecto?
Fue gracias a Víctor García, director adjunto artístico del Palau, a quien conocí en un concierto que hice en Barcelona y después me invitó a tocar en el Festival de Girona. Me propuso hacer la integral de Bach con clavecín, pero estos últimos días hemos decidido no hacerla, sino que cada año reagruparemos una serie de obras de Bach en función de su carácter o influencia, porque tocarlo todo está bien, pero a veces es demasiado y pierde lo que se quiere mostrar. Creo que es mejor hacer programas en los que las obras estén muy bien ligadas, como una progresión compositiva, un viaje imaginario con una temática por año y por concierto.

Este año interpretarás dos conciertos con las transcripciones de Bach.
Sí, son obras que Bach imaginó en forma orquestal, pero que escribió al clavecín, como la 'Apertura a la francesa' o el 'Concerto italià'. Y también son obras muy difíciles y densas, como la 'Partita en Re mayor'. Hacer un concierto con todas las Partitas sería demasiado pesado. Aunque son fantásticas, es como cuando se come demasiado: sufres una indigestión. También haré la 'Sonata en Re menor', a partir de la 'Sonata para violín solo en La menor'. Este primer concierto muestra las obras que Bach transcribió para clavecín para que pudieran ser tocadas con el instrumento que había en las casas.

¿Y los años siguientes?
El segundo año haré 'El Clave bien templado', los dos libros, y en los siguientes las 'Variaciones Goldberg' y el 'Arte de la fuga', y un concierto con temática de la danza y la música de la juventud de Bach, una época muy importante porque, como en todos los grandes compositores, es donde se nota que su genio viene de haber trabajado muchísimo y de haber copiado también muchísimo la música de sus maestros, como Buxtehude, como los franceses y los maestros antiguos, hasta encontrar su propio estilo. Los genios aportan alguna cosa personal más tarde, después de haber amado a quienes los precedieron.

De estas obras, ¿cuál es la más difícil de interpretar?
Todo es difícil, pero las obras de juventud, para tocarlas bien, primero hay que entender de donde provienen. Y una de las más difíciles es las 'Variaciones Goldberg'. Más allá de la dificultad técnica, lo más difícil es que es una obra muy conocida. Esto comporta una polución mental de lo que hemos escuchado, aunque sean versiones bellísimas. Es muy difícil leer la partitura como si fuera la primera vez.

¿Qué puedes aportar?
Ante una obra así no quiero aportar nada, sólo que el público la escuche y la entienda bien. Si aportas demasiadas cosas personales, complicas la obra y se pierde. Ser simple con este tipos de obras de Bach es muy difícil. Eres un actor que tiene que ser poseído por un texto y debe hacerlo comprensible, pero no es él quien se muestra, es el texto.

¿Qué puede aportar de nuevo tu generación en la música antigua?
No sé si podemos aportar algo nuevo, nuestros predecesores hicieron mucho, y antes de ellos ya había otra gente. Cada época tiene la presión de que hay que evolucionar y ser mejores, pero yo no lo creo. Cada uno puede encontrar su camino y hacer lo mejor posible lo que tiene ganas de hacer. No hay que hacer tantas actividades comerciales, en gran formato. Hoy la cultura vive una situación muy crítica y es muy importante estar cerca de la gente; creo mucho en la organización de muchas pequeñas manifestaciones, aunque también hay que defender los grandes auditorios. Cuando digo esto me califican de elitista, pero no es verdad, la pequeña cultura permite que vengan muchos artistas de forma privada, a menudo porque están de ruta, por azar, y nos dejan su música.

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