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Rompemos una lanza a favor del exclusivo club-restaurante de la todavía más exclusiva marina de yates de lujo del Port Vell: es falso que haga falta tener una embarcación estilo Onassis amarrada delante para entrar. Solo os tiene que recomendar un socio y rellenar el formulario: si no tenéis recomendación, pasaréis a engordar la lista de espera y será más difícil. ¿Vale la pena? Comer y beber en una plataforma de cristal flotante tiene su gracia. Y no es obscenamente caro. Aunque en la presentación del vino Rosa d’Abril de Torelló (buenísimo) comí un arroz de gambas que sorprendentemente era justito.
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