De anchoas con Isabel Coixet

La directora nos descubre dónde comer esta delicia

©MariaDiasLa Pepita

Todo rima si uno quiere. Y la realizadora de 'Cosas que nunca te dije' es capaz de encontrar esta cadencia en casi todo lo que tiene cerca. Si la última película de Coixet es triste y desoladora que nos deja casi sin aire, la directora ha encontrado en la anchoa una rima feliz.

Javier Cámara y Candela Peña, la pareja protagonista de una historia de amor acabada, hablan estocados por el palillo del matrimonio. ¿Quién es la anchoa, quién el boquerón? Lo que es cierto, es que en la vida real la hermana de Javier Cámara trabaja en una conservera de anchoas y la madre de Candela Peña, famosa por su frankfurt de Gavà, ahora prepara anchoas de lujo para restaurantes de paladar selecto. Con la salobridad de las lágrimas que se vierten en 'Ayer no termina nunca', la Coixet y una servidora ahogamos las penas en una ruta de anchoa y vino blanco donde la sal se convierte en una sonrisa en la boca.

Estamos en L'Anxoveta, cerca de su productora en el barrio de Gràcia. En este restaurante de blanco inmaculado y pizarra llena, probamos unas anchoas buenísimas del Cantábrico con pan con tomate y aceite generoso. La Coixet teoriza sobre este pescado que la hace feliz. "La anchoa me pone de buen humor, cura la resaca, y hace que se me quiten todos los males. Debería comer anchoas todo el día", añade. La afición le viene de lejos. "Cuando era pequeña, mi postre favorito era comerme la anchoa de una oliva rellena después de mojarla en Coca-Cola", recuerda. Ahora preferiría unas "buenas anchoas con champán Gosset". Pas mal, mademoiselle. En la conversación aparecen Cassavetes y Gena Rowlands, porque Candela Peña se ha convertido en una mujer "bajo la influencia" en 'Ayer no termina nunca'. De este viaje vamos al faro del Cap de Creus. Con el sol y la tramontana radiante, y porque yo también quiero encontrar la rima, imagino que para Isabel aquella terraza también podría ser 'La luz del fin del mundo', la peli de Douglas y Brynner.

En La Pepita, nos esperan unas anchoas de la Patagonia, es decir, el pescado mojado con crema de leche. Ecs, pensaréis. No. Esta delicadeza se escribe con la M de maravilla. Las acompañamos con Jose Galo, un verdejo seco y poco conocido. Con el contraste de una cosa y la otra ya notamos el hilo que nos eleva.

El último verso llega en Cata 1.81, donde la madre de Candela sirve las anchoas que prepara. El pescado va de la mano con garnacha blanca del Montsant. Mientras haya anchoa, el resto no importa demasiado.

Información práctica

L'Anxoveta

3 de 5 estrellas

Este restaurante blanco e inmaculado dispone de unas buenas tapas y un menú de mediodía sugerente (lentejas, arroz negro, huevos estrellados con chistorra, por mencionar algunos platos), y sobre todo de unas anchoas buenísimas, del Cantábrico, servidas con un pan con tomate como Dios manda, con aceite del bueno. Y quizás os encontréis al Isabel Coixet, una clienta habitual y gran fan de sus anchoas.

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Vila de Gràcia

La Pepita

Ni detrás del mostrador ni en la barra encontraréis a Pepita. En cambio, sí es fácil encontrarse con Sofia o Andreu, los propietarios de un local que estira los horarios: sirven almuerzos, aperitivos, comidas (tres menús de 8, 10 y 12 euros), meriendas y cenas a la carta, donde las protagonistas son las «pepitas», inspiradas en los famosos pepitos, desde el clásico de lomo hasta combinaciones sorprendentes. La Pepita también es un local de copas, con predilección por los gin tonic (por 4 euros preparan medio vaso) y el vermut casero, a base de ginebra, naranja y sifón.

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Gràcia
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Cata 1.81

Un lugar ideal para todo tipo de consumidores, tanto para los neófitos como para los más sibaritas. Sus platos, de cocina de mercado, acompañan los vinos sin eclipsarlos.

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Eixample

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