Lata-Berna, propuesta diferente de tapas en Gràcia

El local aplica una filosofía innovadora y lúdica a la tapa
Por Ricard Martín |
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Quien escribe, con el paso del tiempo ha desarrollado una especie de sentido arácnido al estilo Spiderman, que se dispara cuando ve venir según qué sintagmas. "Tapas creativas" es uno de ellos. Seamos justos: este es un término que el cocinero Juanjo Martínez -veteranísimo joven-, orgulloso propietario de Lata-Berna, en Gràcia, no utiliza en ningún momento. Él habla de "puesta en escena" y de "sabores y productos de toda la vida".
Después de un año de la apertura, con poco ruido y mucho trabajo (y un inexplicable silencio por parte de los medios de comunicación) este restaurante de tapas de Gràcia ha consolidado una mayoría silenciosa de clientes que aman las sorpresas. La primera es que, a pesar del cartel ("tapas y latas"), no estamos frente a una taberna de lata del estilo del Quimet & Quimet, aunque haya un apartado de buena conserva. Hablamos, mejor dicho, de un bar de tapas donde la vocación extensiva -50 tapas de martes a domingo, ¡de 13 a 24 horas!- no desmerece que lo dé todo en cada plato.

Raciones y gadgets
"Son tapas, sí, pero en realidad son medios platos, o platos elegantes de toda la vida transportados a la economía de hoy", explica. Martínez, chef ejecutivo de restaurantes de hotel -en el Arts hizo la apertura del Arola, ha trabajado en Shangai, en Dubai, en Portugal- que un día decidió que "honestamente, con su innovación y creatividad había hecho ganar dinero a mucha gente", y que era hora de abrir su propia casa. Y en la Lata-Berna ha querido "dar de comer muy bien a la gente y crear una experiencia". En un contexto de tapas low-cost, Martínez pone en juego un repertorio de clásicos populares que pueden ser reinterpretaciones en un tono diferente -vale la pena probar la burrata con humo de romero, compota de tomate y muesli- o firmes platos de ración de toda la vida donde "busca la mariconada que sorprenda".

Mariconadas de las buenas
Aquí entra en juego el concepto "mariconada" en su acepción positiva. Ejemplos: patatas de Olot sobre unas mallas que, a parte de imitar las montañas de Garrotxilandia, recogen el aceite y evocan los caracteres con unos tomates ahumados, o unos espárragos a la brasa servidos con una miniparrilla, con tubos de pasta de dientes llenos de salsa romesco.

Ingenios que, inevitablemente, evocan el hecho lúdico de Sergi Arola. "Invierto más de lo que la gente cree que debería invertir, pero ahora no es el momento de estrellas Michelin. Es el momento de dar bien de comer, a buen precio, y crear experiencias", reflexiona. Quien sienta urticaria por estas diversiones, aquí puede masticar territorio conocido con una bomba picante, albóndigas con sepia, choricitos a la sidra o huevos estrellados con chorizo. Y a mediodía dispone de un fenomenal menú de tres tapas del día servidas a la vez (ensalada, pollo al ajillo y risotto de verduras, más cerveza, por 8,50 €, un jueves cualquiera). Y ahora sentaos en esta encantadora casa de Gràcia reconvertida en restaurante y decid con admiración: ¡qué mariconada!

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Lata-Berna

Juanjo Martínez, quien fue chef ejecutivo del Hotel Arts y mil cosas más, ha abierto un bar de tapas ceativas con razón de ser, es decir, que la receta se justifica. Encontramos platos muy pensados​​, como una burrata con humo de romero y compota de tomate y muesli, pero también clásicos de toda la vida con presentaciones impactantes, como unas patatas de Olot con una malla metálica que evoca las montañas de la Garrotxa.

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