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4 motivos para no perderse la ópera 'Demon' en el Liceu

Compuesta en 1875 por Antón Rubinstein, el maestro de Tchaikovsky, es una de las piezas más importantes y poco conocidas del repertorio romántico ruso, una rareza que no se había visto nunca en Barcelona

(c) Mireia Martínez
Por Time Out en colaboración con Gran Teatre del Liceu |
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Existen diferentes motivos por los que vamos a la ópera. El primero de todos, porque nos gusta una obra en particular, alguna de las más populares del repertorio: si la ópera es una pasión, lo es gracias a una música maravillosa que ha trascendido el paso del tiempo. Otro motivo serían los cantantes, las grandes estrellas de toda esta historia, verdaderos ídolos que mueven una cantidad nada despreciable de público. Pero hay un tercer motivo que hace que la ópera, en pleno siglo XXI, sea un acontecimiento cultural y social de primer orden, que es el espectáculo en sí mismo, su grandiosidad que dispara la pasión de la gente. Los estrenos de nuevas producciones son uno de los mecanismos que utiliza la ópera para mantenerse viva, relevante, excitante, y aún más si con una nueva producción va incluido el esfuerzo de estrenar también una nueva composición, o de rescatar una música del pasado quizás poco conocida, o incluso olvidada.

En la ópera actual, el repertorio ruso es muy importante, pero la obra más famosa que escribió el compositor Antón Rubinstein, Demon (El Demonio, en ruso), no se acostumbra a ver mucho. Aunque su partitura fue la que inspiró a maestros como Tchaikovsky o Mussorgski a escribir buena parte de algunas de sus óperas más conocidas –Eugenio Oneguin y Khovanschina, respectivamente–, el paso del tiempo ha hecho que Demon haya sido bastante olvidada. Aun así, es una obra grande del romanticismo ruso, un ejemplo de cómo el lenguaje de la melodía infinita y la tensión dramática se instauró en la opera en Moscú, y a finales del siglo XX se volvió a recuperar. Desde entonces, se ha representado con asiduidad en Rusia y otros países del este, especialmente cuando las grandes voces rusas se han animado a volver a revivirlo. Pero en el Liceo no se había hecho nunca, por lo que este próximo estreno mundial de una nueva producción será también el estreno musical en Barcelona de una ópera profunda, misteriosa y provocadora. Por todo esto vamos a la ópera, para descubrir joyas como Demon. ¿Quieres animarte? Te damos cuatro razones que no admiten mucha discusión.

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Estreno mundial de una nueva producción

La escenografía, simbólica, espectacular y dominada por una forma circular que reacciona ante el argumento cambiando de color, ha sido diseñada por Hartmut Schörghofer a las órdenes del director de escena, Dmitry Bertman, y debe entenderse en un sentido metafórico: se trata de un gran túnel que conecta diferentes mundos, y que reproduce la tragedia del amor. El desarrollo tecnológico es importante, y aunque es una ópera que no figura en la parte alta del listado de representaciones mundiales, es un argumento suficiente para ir al teatro: el espectáculo estará delante de la vista como envolviendo al oído. En la producción que podremos ver en el Liceo participan también tres teatros más: el Helikon Opera de Moscú, la Opéra National Burdeos y el Staatstheater Nürnberg. Fue, sin embargo, el Liceo la institución que dio el primer paso para rescatar este título, que era una ausencia importante en el teatro, y más conociendo la extensa relación que ha existido en el Liceo con la ópera rusa del siglo XIX.

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Un tema apasionante y universal

El tema de Demon es el amor imposible: inspirada en un poema de Mijaíl Lermontov -cumbre del romanticismo ruso, escrito durante sus años de exilio y sólo publicado después de su muerte, que el escritor Pavel Viskovatov adaptó en forma de libreto– trata sobre un intento del demonio, que ha renunciado a reconciliarse con las fuerzas del bien que habitan en el cielo, por conquistar a la joven Tamara, una chica prometida al Príncipe Sinodai. Para ello, el demonio asesina al príncipe y ocupa su lugar en la boda, pero la aparición inesperada del cadáver de Sinodai frustra sus planes. Tamara decide entrar en un convento, donde tiene pesadillas y visiones terroríficas sobre el Demonio, que intenta captar su atención, mientras la protege un coro de ángeles. Finalmente, el Demonio es derrotado y Tamara ascenderá al cielo. Se trata, pues, del tema de la pasión hasta el extremo de la locura, y la fortaleza que se necesita para resistir las tentaciones.

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Un equipo de primer nivel

La partitura de Rubinstein es rica y compleja, abundante en melodías y en segmentos espectaculares, como el de los coros angelical e infernal, y que necesita de dos voces experimentadas en el ángulo dramático y en la dicción en ruso: la del barítono, que interpreta al Demonio, y la de la soprano, que es Tamara. En los papeles principales de esta producción tendremos al barítono letón Egils Silin y a la soprano lituana Asmik Grigorian, que debutará en el Liceu. Originalmente, el papel del Demonio lo debía cantar Dmitri Hvorostosky, el famoso barítono ruso que había dedicado buena parte de su trayectoria a rescatar grandes óperas como la de Rubinstein. Desgraciadamente, Hvorostosky murió el pasado 22 de noviembre. Las funciones de Demon en el Liceo estarán dedicadas a él y a su memoria. El director musical será Mikhail Tatarnikov, un experto en ópera rusa.

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Pieza precursora de varias obras maestras

A veces, hay que preguntarse qué ha hecho que algunas óperas pasen a la historia y otras no. Demon fue una de las primeras grandes óperas rusas del repertorio romántico en su periodo de madurez. Era romántica en el tema, que despierta las fuerzas sobrenaturales alrededor del amor y la naturaleza, y también en el sonido, este magma de cuerdas sin interrupción y con la habitual riqueza melódica de la música rusa, que más tarde recuperó a finales del siglo XIX Rimsky-Korsakov. Antón Rubinstein escribió más de quince óperas, y esta es la mejor tratada por el paso del tiempo, entre otras razones por la influencia que tuvo en la opera rusa posterior, la del último periodo de Tchaikovsky, la de Mussorgski , la de Rimsky y los otros genios del romanticismo eslavo. En su época, Rubinstein destacó sobre todo por su genio tocando el piano, pero Demon es la demostración de que también era un maestro de la ópera.

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