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Doga: yoga con vuestro perro

Fortaleced la relación con vuestro perro haciendo masajes, estiramientos y posturas yoguis

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Por Carlota Martí (Lymbus) |
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Una esterilla, el perro, vosotros y unos calcetines chulos. ¿Suena bien? Para hacer doga, con esto vais sobrados. Doga, sí. Sumad yoga y 'dog' y ya lo tenéis. Eh, pero no os imaginéis a vuestro perro haciendo contorsionismo. El doga es una oportunidad para que os relajéis juntos a través de posturas inspiradas en el yoga y aplicando técnicas de masaje para perros.

"El primer día siempre es un poco caótico porque el perro todavía no sabe a qué viene. Se encuentra con otros perros y cree que ha venido a jugar pero después de 2-3 sesiones se nota muchísimo. Ya asocian la esterilla con un momento de relajación". La que habla es Patricia Guerrero, alias PAT Educadora Canina. Es la culpable –¡gracias!– de que podamos practicar el doga en Barcelona tras investigar, leer y formarse con la americana Suzi Teiltelman, ideóloga de esta técnica. Nuria, del centro Anam Cara (Alcalde de Móstoles, 42) le abrió las puertas para hacer sesiones en una de las salas del espacio: "Empecé dando clases en el exterior, en parques, pero es más difícil porque asocian el espacio con el juego. Llamé a la puerta de muchos centros de yoga hasta que apareció Nuria. Esta sala es una maravilla: podemos poner música relajante, aromas, luz tenue... estamos tranquilos. Es como si estuviéramos en casa y se notan más los resultados", nos cuenta.

Bongo, Vespa y Níspero –sus tres perros– y Pat nos esperan con todo casi listo para comenzar una sesión de doga. Bongo y Vespa son yoguis 'veteranos' y van directos a poner las patas en la alfombra pero para Níspero es su primera vez. En un día de clase, Pat ve a los perros y dueños en la entrada del centro, saluda a los nuevos y entran: "Les damos un tiempo para que se conozcan. Una vez dentro, muchas veces ya tengo las esterillas preparadas. Si veo que se hacen bien con el espacio los dejamos sueltos y ponemos música pensada especialmente para que los perros se relajen: ni con muchos agudos ni con muchos graves".

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Masaje para perros; posturas inspiradas en el yoga; estiramientos, y tiempo de relajación: son las cuatro partes de una sesión de doga. Suena la música y empieza la parte de masaje: vamos de la cabeza hasta la cola, acariciamos las orejas, la boca... Pero siempre a nuestro ritmo y al del perro, teniendo en cuenta si le gusta. "Normalmente, son perros muy 'sobados'. El perfil de personas que vienen a doga es el de gente que tiene una relación especial y un vínculo importante con su perro. Sin embargo, si no está acostumbrado a que le toquen las patas de una manera no hay que forzar. Debe disfrutar el momento y relajarse, por eso es importante trabajar al nivel de cada uno".
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Pasamos a las posturas. 3 o 4, más fáciles o difíciles según el perro e inspiradas en el yoga, de ahí el nombre. En algunas nosotros somos los protagonistas, en otros, ellos. "La clase dura una hora pero contando la parte de conocerse, de explicación... Al final son unos 20 minutos de actividad en sí. Es suficiente. Los perros se cansan rápidamente y más cuando tienen tantos inputs: les tocas las patas, les haces un masaje, suena música, hay olores, ven a otros perros... Ahora, si veo que son habituales y tiran, ¡les doy caña! ". Vaya, cada paso y cada movimiento está personalizado al 100%: en la sala, siempre, 4 perros –y el de Pat– como máximo. ¡Es innegociable!

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Lesiones, agujetas y contracturas. ¡Los perros también las sufren! En la fase de estiramientos se trabaja también para evitar problemas musculares haciendo ejercicios pensados ​​para que se olviden de posibles molestias. "¿Verdad que nosotros estiramos? Pues ellos también tienen que hacerlo después de una actividad, una carrera de canicross... es importantísimo. Siempre intento que aprendan una secuencia de estiramientos para que, después, puedan hacerlo por su cuenta", añade.

Bajan las luces y llega una de las partes preferidas de perros y dueños: el momento de relajación total. ¿El objetivo? Estirarse uno al lado del otro, escuchar música, cerrar los ojos y oir la voz de Pat explicando un cuento donde, a menudo, hay algún perro como protagonista. "Cuando llegan a casa se nota que están muy relajados. El doga es una herramienta para que dueño y perro conecten, se relajen y se conozcan pero también para que los pequeños socialicen y se acostumbren a estar con otros perros. Es bueno e importante que entiendan que no siempre que se encuentren con un perro deben ponerse a jugar, saludarlo... así, también aprenden a estar en un restaurante, en una tienda... ".

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El doga, sin embargo, es un complemento, no una solución. Si Pat ve que una pareja de amo-perro no está preparada se lo dice y los reconduce. "Si el perro tiene un problema de conducta, es muy nervioso... con el doga no harás milagros, necesitarás más pautas y otras herramientas para trabajar".

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