Jugger en Barcelona

Conoced el Jugger, un deporte basado en la habilidad y la estrategia
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Por Carlota Martí (Lymbus) |
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Domingo, cinco de la tarde. ¿Habéis pasado nunca a esta hora por el parque de Joan Miró? ¡Hacedlo! Veréis un grupo de chicos y chicas vestidos de deporte, con espadas, bastones o escudos de espuma en las manos, corriendo de un lado para otro, diseñando estrategias y celebrando puntos. No están locos ni se han escapado de una novela fantástica. ¡Practican un deporte poco conocido ­todavía­ que responde al nombre de jugger!

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Un campo de forma rectangular pero con las esquinas recortadas, cuatro árbitros, cinco jugadores por equipo a ambos lados y, en medio, la pelota ­el jugg­! Todo listo para que el árbitro principal suelte el clásico '¿Corredor listo? 3,2,1 ... Jugger' y arranque la partida. ¿El objetivo? Llevar el Jugg hasta la base contraria para sumar el máximo de puntos posibles durante las 200 piedras que dura el partido, 100 por parte. Piedras, sí. ¿Os lo traducimos? ¡Unos 5 minutos! En el mundo del jugger, el tiempo se mide así y cada piedra son unos 1,5 segundos de los nuestros.

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Ahora, la cosa es más complicada de lo que parece. Son cinco jugadores por equipo, sí, pero sólo uno, el llamado corredor o qwicker, puede coger el Jugg y sumar puntos. Los otros cuatro son los que llevan armas en las manos y para facilitar el trabajo de su qwicker se encargan de neutralizar a los rivales y corredor del otro equipo. ¿Cómo? Simplemente, tocándolos con la espada o el bastón que lleven en las manos. "Cuando notas el contacto, por mínimo que sea, debes arrodillarte en el suelo, dejar el arma y esperar cinco piedras para volver al juego", nos explica Ricard Viloca, jugador de jugger. ¡Eh, pero hay más! En cada equipo puede haber un miembro que pase de espadas y sostenga en sus manos una kette: una cadena de 320 cm con una bola al final. Es el arma más efectiva: esquivadla porque si os pilla, quedaréis out del juego durante ocho piedras.

Con la teoría en la cabeza nos acercamos a uno de los encuentros de jugger que se hacen los domingos en Barcelona. Se organizan a través del grupo de facebook Jugger A.M Barcelona y del de meetup Jugger y softcombat BCN, hay un equipo ya constituido, los Suricatos, que participa en campeonatos por toda España. "Si nunca has jugado a jugger lo primero que tienes que hacer es aprender un poco de técnica con el arma que elijas. De entrada, la espada larga es una buena opción". La tomamos con las dos manos ­si lo hacemos sólo con una, ¡el golpe no vale! ­, casi no pesa y es fácil de mover. Eso sí, intentamos ser más rápidos que nuestro maestro­rival y tocarlo en piernas, brazos o espalda... y no acabamos de cogerle el truco. ¡Nos falta práctica!

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Llega el momento. Para probarlo, nos sumamos al resto de jugadores. Antes de empezar un nuevo partido, harán un mata­conejos, ideal para principiantes y para entrenar. Todos contra todos. ¡Es una locura divertidísima! Corremos por el campo con la espada en las manos y, de entrada, jugamos un poco 'sucio', aprovechamos alguna distracción para eliminar rivales a base de darles por la espalda. ¡Perdón! Poco a poco, nos atrevemos a enfrentarnos a ellos de cara y... ¡sí! ¡Golpe en el brazo y KO! "A pesar de no golpear fuerte, sueltas mucha adrenalina!", nos dice Zadoc Durden. ¡Damos fe!

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Cuatro jugadores tocados e inmovilizados y más de 10 golpes recibidos. Sería el resumen de nuestra experiencia con el jugger. Eso sí, ninguna lesión ni morado a la vista. "El jugger no es violento. De hecho, si vas a hacer daño eres penalizado porque hay normas en contra del uso de la fuerza. Las armas son blandas, de espuma y no cuenta lo fuerte golpeas, un mínimo contacto ya es suficiente para neutralizar al rival. No puedes golpear ni en la cara ni en las manos ni, evidentemente, en los genitales o en el pecho. Y, en el momento en que te tocan, tienes que dejar de moverte", apunta Viloca.

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Nacido de la película australiana 'La sangre de los héroes' pero creado en Alemania, el jugger tiene un aire al rugby y al fútbol americano. Es honesto y limpio y la estrategia, la velocidad y el trabajo en equipo son vitales. Así lo definen sus practicantes. Y lo hacen tantas veces como sea necesario. Cada domingo por la tarde, junto a las Arenas, imaginan la mejor táctica para sumar puntos, y atraen las miradas de un buen número de curiosos: "¿A qué juegan estos? ¡Graba, graba! ". "Nos lo preguntan muchas veces y lo explicamos y, sobre todo, los invitamos a probarlo! Estamos abiertos a que juegue todo el mundo", dice Ricard.

Si os animáis, además, el deporte os saldrá bien de precio. Os dejaréis dinero en el material que compréis para hacer vuestra arma y poco más. El núcleo de Barcelona se encuentra los domingos pero también los viernes por la noche, en una sesión que es más bien de entrenamiento. Se respira buen rollo y ganas de crecer. "Desde los Suricatos, nos gustaría constituirnos como club deportivo y llegar a crear una federación catalana", explica Cristian Milà. Además, Ricard añade: "También estamos haciendo gestiones para crear una asociación donde argupar deportes y actividades de ocio alternativo como el jugger, el airsoft o el softcombat desde donde trabajar juntos. La unión hace la fuerza". Todo con el deseo de sacar el jugger del anonimato y cambiar la etiqueta de frikada por la de deporte.

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