Te diseñamos la ruta imprescindible por La Costa Brava

¿Has visto todo lo que hay que ver del litoral gerundense? ¿Conoces la zona, o aún te quedan experiencias para vivir y lugares mágicos por descubrir? Si planeas escapadas o tus vacaciones por aquí cerca, te hemos preparado una guía.
Maria Geli i Pilar Planaguma
Por Time Out en colaboración con Patronat de Turisme Costa Brava Girona |
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¿En qué piensas primero cuando se te viene a la mente la Costa Brava? ¿Piensas en playas y calas, o piensas en buenos restaurantes? ¿Piensas en naturaleza salvaje o en patrimonio histórico? ¿Piensas en ruinas y pueblos de piedra antigua, o en un espacio de actividades deportivas al aire libre? Pienses lo que pienses, todo esto es la Costa Brava, uno de los rincones más mágicos de Cataluña –y, también hay que decirlo, de todo el Mediterráneo– que, aunque lo tenemos aquí al lado, puede que no lo conozcamos en toda su amplitud. En la Costa Brava se puede hacer de todo y te garantiza escapadas de fin de semana satisfactorias o unas vacaciones como es debido. Si te has quedado sin ideas nuevas, te proponemos una ruta y diez posibilidades diferentes.

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Una naturaleza resplandeciente

En el Ampurdán hay mucha naturaleza que aún se mantiene virgen, o poco modificada por la mano del hombre. Aunque el turismo y el progreso terminan afectando la fisonomía de los pueblos y de los espacios naturales, como las playas, los humedales y los valles del interior, en la Costa Brava aún se percibe esta bravura salvaje que admiró a los pueblos antiguos. Si vienes a visitar la zona, descubrirás rincones de costa y montaña donde parece que el tiempo se haya detenido, y esto es un milagro.

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Descubre la Cataluña medieval

Los pueblos del interior, como Besalú, Peratallada, Peralada o Monells, conservan muchos restos, bien conservadas además, de la antigua Cataluña medieval, la de los monasterios y los castillos. El ejemplo de Peralada lo demuestra claramente: un castillo que se mantiene de pie, con toda la riqueza ornamental de aquellos siglos de caballeros y damas. La maravilla de la zona, sin embargo, es el pueblo de Besalú, que se mantiene casi igual que como era en el siglo XIII.

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Como aquí no se come en ningún sitio

En la Costa Brava ha habido, y todavía hay, una enorme concentración de restaurantes con estrella Michelin y que han admirado al mundo de la cocina de una punta a otra del planeta. A veces te encontrarás que hacer reservas particulares no es fácil –el Celler de Can Roca requiere planificar la visita con meses de antelación–, pero con paciencia y previsión podrás disfrutar de una de las mejores cocinas de vanguardia. Y si la puedes maridar con los vinos de Denominación de Origen del Ampurdán, aún mejor.

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Historia antigua

Si buscas historia aún más antigua que la medieval, la Costa Brava tiene lo que necesitas. Fue uno de los puertos de llegada de las civilizaciones del pasado, por aquí pasaron los fenicios, los griegos, los romanos, y tienes al lado de los pueblos más bonitos uno de los restos arqueológicos más valiosos de la península, los de Ampurias. Una oportunidad para recibir la energía de piedras antiguas y del conocimiento de los antiguos griegos cuando dominaron el Mediterráneo.

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Dalí y el arte

La Costa Brava, si la queremos entender en términos artísticos, se identifica plenamente con Salvador Dalí. Incluso en la cima de su fama en París y Nueva York, Dalí siempre quiso residir a medio camino entre Figueres, Port-Lligat y Púbol, y es aquí donde puedes visitar lo mejor de su obra en el Teatro-Museo de Figueres, y también a su casa de Cadaqués y el castillo de Gala, que reciben anualmente más de un millón de visitas.

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Cultura a tu alcance

La cultura está en todas partes en la Costa Brava, y en particular en verano, que es cuando tienen lugar muchos festivales de música y artes escénicas, como el de la Porta Ferrada en Sant Feliu de Guíxols, el de Peralada o el de Cap Roig. Tampoco debes perderte el de Sons del Món, que integra dos conceptos tan alejados, pero que combinan tan bien, como las canciones y el vino.

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El Románico, de cerca

Si tu ruta pasa por visitar restos históricos, una de las variantes que debes contemplar es la del Románico. Es decir, además de ver castillos y pueblos, también tienes que buscar los antiguos monasterios de la Marca Hispánica, uno de los tesoros de la arquitectura peninsular, ya que fueron algunos de los primeros espacios de práctica cristiana en un tiempo donde el grueso de la península estaba dominada por el Islam. Obviamente, Poblet debe estar en tu ruta.

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Calas y maravillas geográficas

Cuando hacemos la ruta de la naturaleza, una de las cosas que más admiramos de la Costa Brava es la abundancia y belleza de sus rincones de mar. Aquí las playas, sobre todo si buscamos las del norte, son accidentes de la cosa que no siempre son ni lisos ni accesibles. Hay acantilados y rincones de difícil acceso, y que aunque no nos permiten bañarnos, sí nos dejan admirar un mar feroz e hipnótico.

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Un litoral de ensueño

Todo el litoral es de ensueño, de hecho. No es tanto la presencia del mar, sino los pequeños detalles de luz y arquitectura que encontramos en todos los pueblos de la costa, y que nos permiten hacer una ruta donde, además de cocina, belleza y buena gente, podemos ver una línea de evolución según vamos subiendo hacia la frontera con Francia. Una buena idea es hacer una ruta en coche de pueblo en pueblo, sin prisas, desde Blanes a Rosas, y de Tossa de Mar a Playa de Aro.

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Playas... y más playas

Las playas, al fin y al cabo, son la joya de la corona de la Costa Brava. Las del sur, de arena fina y clara, con un litoral extenso y de olas mansas; las del norte, articuladas a partir de curvaturas de la línea de mar, con calas exóticas, poco transitadas, de piedra firme y naturaleza fascinante. Cuando vas a la Costa Brava no sólo tienes que ver el mar: debes bañarte, sentir el sol en la piel.

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