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20 años de Sónar

Dos décadas de Sónar después, Enric Palau, Sergio Caballero y Ricard Robles nos explican quiénes somos, cómo somos y de dónde venimos

Por Andreu Gomila y Marta Salicrú |
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Directors Sonar 2013
© Irene Fernandez

No son los Tres Mosqueteros, ni Nirvana, ni Cream, pero la alianza entre Enric Palau, Sergio Caballero y Ricard Robles se acerca mucho a algunos de los tríos más famosos de la historia. En 1994 pusieron en marcha el Sónar, un festival que este junio llega a la veintena edición en muy buena forma, incluso con un cambio de pareja de baile -"cambiar de novia es un subidón", Caballero dixit-, ya que dejan el Raval para instalarse en el Poble-sec, en la Fira. Repasamos cómo ha cambiado Barcelona y el Sónar durante estos años, y averiguamos dónde están ahora.

¿Música avanzada?
El Sónar no fue cosa de un día. No se piensen. Arrancó en 1994 en el CCCB, de manera modesta, pero con el horizonte lejano, ya que habían estudiado bien el tema. Ricard Robles nos dice que el festival "estuvo en gestación dos años. Pensamos muy bien lo que queríamos hacer para que no fuera una cosa efímera, ni fuera algo que después no supiéramos gestionar. Pensamos muy bien qué tipo de formato queríamos, qué tipo de escenas queríamos que estuvieran acogidas dentro del festival". Incluso pensaron mucho el subtítulo que le ponían: "Escogimos música avanzada en lugar de música electrónica por eso, porque nos daba la opción de que, a medida que fuera evolucionando la escena musical, el Sónar la pudiera acoger. Esto se pensó muy bien. Y ahora está muy vigente...".

Somos como Gaudí
Aunque parezca mentira, hace 20 años, Barcelona, como ciudad, y a nivel musical, no tenía nada que ver con el Sónar. Estaba el Nitsa, sí, pero lo que triunfaba era el rock catalán. Scorpia y el So Barcelona, una mezcla de flamenco, rumba, y toques orientales. Pero ellos sabían cuál era su modelo. Lo explica Enric Palau: "Cuando empezamos, cuando explicábamos qué era el Sónar, hablábamos siempre de la proximidad a un gran polo cultural, que es Francia, y de nuestra tradición histórica de vanguardia. No es que tengamos que ponernos a la misma altura, o a una altura diferente, pero estamos en la ciudad de Gaudí, Tàpies, referentes mundiales, de la cultura y de la vanguardia. Ninguno de estos actores es tradicional, sino gente que ha roto esquemas. En el caso del Sónar, ahora mismo es uno de estos actores. Es bueno para todos que uno de los reconocimientos de esta ciudad sea ​​cultural, hecho que nos ayuda a todos. Un sondeo del estudio que hemos hecho nos dice que los visitantes del Sónar pasan un mínimo de cinco noches en Barcelona y que visitan otros equipamientos culturales, no sólo el Sónar. El Sónar es un actor más de este pedigrí de la ciudad...A veces hay una ceguera...Nunca seremos  una capital de la aeronáutica".

Atentos a nuestro tiempo
En estas veinte ediciones, hemos podido palpar en el Sónar cómo evolucionaba la música, cómo cambiaba, qué estilos nacían y cuáles morían. No se han cerrado nunca a nada. "Nosotros hemos querido abrazar las diferentes líneas a través de la búsqueda de artistas que hicieran avanzar la música, con una personalidad interesante y casi siempre vinculada al hecho tecnológico -dice Palau-. Hemos visto de todo: evoluciones hacia el pop, encuentros con estilos clásicos del hip-hop y de toda la música negra, la música electrónica purista ha vivido idas y venidas hacia la radicalidad del ruidismo, retorno a la estética de las texturas y de las melodías. Hemos querido estar atentos a esta realidad, a nuestro tiempo, avanzarnos a lo que saldrá, y siempre con un referente histórico".

Experiencia tecnológica
Sergio Caballero aún recuerda cuando la gente preguntaba dónde estaba internet.  "Internet es una palabra que salía en la programación: conciertos, DJ e internet ", dice Robles. "El festival nació en 1994, cuando Internet no existía -apunta Palau-. No había MP3. Empezamos haciendo un festival tecnológico cuando la tecnología aún estaba muy atrasada. Y tuvimos que empezar a usar esta tecnología como medio de expresión y de experimentación. Hicimos un concierto a tres bandas, con un artista actuando en Barcelona, uno en Rotterdam y uno en París, con RDSI, con un delay de la imagen de dos segundos". "En 1995 pusimos el primer módem, de esos que hacían aquel ruido -añade Caballero-. Teníamos un gift animado que cambiaba solo, y para bajar la programación tardabas 10 minutos. En aquella época nos bajábamos porno con Enric, nos imprimíamos las fotos, ¡y tardábamos tanto!". Ellos han podido vivir en primera persona, y como actores destacados, lo que Palau llama "la democratización total de la tecnología".

Experiencia cultural
Robles confirma que el Sónar creó "un formato de experiencia cultural que ha servido de inspiración para mucha gente", y que ellos mismos se han encargado de exportar alrededor del mundo, de Nueva York a Tokio. "Teníamos la voluntad que fuera un punto de encuentro para toda la gente vinculada a la cultura electrónica -confirma Robles-. El mercado local en primer término, y después el internacional, tiene el mes de junio en Barcelona un destino, donde ocurren muchas cosas. La gente se reúne, se intercambian proyectos, y tú has servido de instigador. Y después la propia industria se va desarrollando. Sí que has conseguido que el perfil de la ciudad de Barcelona esté identificado con la cultura electrónica en general, y con unas músicas en particular".

Hacemos política
El Sónar no es una ONG, pero a veces lo parece. A veces hace más política cultural que el gobierno. Y ayuda más a los artistas locales que a las instituciones. Lo saben y sacan pecho: "Hay gente como Daniel Giralt-Miracle -dice Palau- que ha reconocido que nosotros hacemos política cultural, que nosotros hemos formateado un nuevo evento, que hemos apostado por el nuevo talento, no sólo artístico, sino también tecnológico, nos hemos llevado a gente de aquí a fuera cuando viajamos...Es agradable que alguien nos diga que hacemos política cultural cuando la ayuda pública se mueve este año entre el 5 y el 6% del presupuesto... The Suicide of Western Culture sitúan su actuación en el Sónar como una de las importantes de su carrera. Que Za! estén con nosotros en Brasil genera movimiento. Hay gente del mundo tecnológico que está esperando su presentación en el Sónar para conectar una aplicación que están haciendo aquí...Es nuestro granito de arena".

Barcelona existe, a pesar...
El Sónar ha ayudado a configurar la imagen de Barcelona alrededor del mundo. Conocen la ciudad al detalle y han hablado con muchos gestores políticos, por lo que han visto lo mejor y lo peor de la ciudad. Caballero es contundente: "Barcelona es una ciudad que está aquí a pesar de los políticos. Es importante decirlo. Realmente. A pesar de ellos hemos conseguido esto. Porque ha habido gobiernos con una nula aportación a la cultura popular, a la cultura que está viva". Y nos avanza que no son ajenos a la crisis. "La situación del festival es complicada", indica. Y no tiene miedo de pensar qué pasaría si el Sónar hubiera nacido en otro lugar: "Si tomas un festival como éste con el impacto que tiene, y vas a hacerlo a otra ciudad del mundo, la ayuda institucional sería mucho más bestia". Caballero cree que aquí, en Barcelona, ​​los políticos siempre han sufrido de ceguera. Y pone un ejemplo diáfano: "Aquí hemos tenido a Banksy, a mucha gente del street art. Toda la escena estaba aquí y en vez de cogerlos y decirlo, el Ayuntamiento se dedicó a cortar brazos, a ir contra el graffiti. Después van los museos de aquí a buscar exposiciones que se hacen fuera para llevar a estos artistas del grafitti que estaban aquí. Realmente, lo tenías delante y no lo has sabido ver".

Necesitamos un planteamiento global
Robles toma el ejemplo de Cannes para desarrollar la idea: "Dices cine y dices Cannes. Barcelona tiene unos cuantos eventos globales y el Sónar es uno de ellos. Y creo que nos interesa a todos que el Sónar vaya bien. Hay un reconocimiento cultural, de impacto económico, pero creo que nos falta un poco más, alguna cosa que pudiera crear un tejido industrial que sería una apuesta de futuro. Y es este vínculo de creatividad y tecnología, con el pilar de la movilidad añadida. Por eso se necesitan mentalidades y planteamientos globales. No puede ser que el Sónar, o el Primavera Sound, estén solo en la ventana de la cultura, que está muy bien, o de la música. La ciudad debe pensar: de esto, qué sacamos y qué podemos sacar para  nuestro posicionamiento como ciudad".

Sinergias
A pesar de estos agravios más que sinceros y justificables, hay instituciones, mucha gente, que trabaja con el Sónar y que ha aprovechado la ola generada por el festival para crecer. Un ejemplo es el Music Technology Group (MTG) de la Universitat Pompeu Fabra, famosos en el mundo por haber creado la React table que usa Bjork en los conciertos. No es l'Institut de Recherche et Coordination Acoustique / Musique (IRCAM), fundado en Paris por Pierre Boulez en 1977, pero para Robles ahora mismo desarrolla la misma función. "El MTG está muy bien, pero mostrar su trabajo en el Sónar es mucho mejor para ellos, porque aquí tienes desde al usuario final al tío que está haciendo la música, pasando por el tío de la industria. Es un puente perfecto, es el link real. Es como lo que antes eran las ferias de muestras, que servían para mostrar productos. Esto está totalmente obsoleto".

Sónar+D
De aquí que su gran apuesta de futuro sea el Sónar+D, un escaparate de nuevas tecnologías para profesionales. Caballero nos lo explica con un ejemplo: "Yo puedo ser muy bueno haciendo una máquina, con una estructura de programador o de informático. Pero de repente, este objeto que has creado llega a alguien y lo usa de otra manera. Y esto es lo que el Sónar debe detectar y debe enseñar. En el Sónar hay sitio para quien ha desarrollado la máquina en su casa y para el artista que la ha utilizado para hacer un show de noche ante 25.000 personas". Y Robles nos ofrece más detalles: "La inmensa mayoría de las actividades son abiertas al público. Hay algunos encuentros sólo para profesionales, pero todas las actividades de interacción, de probar máquinas y descubrir productos son abiertas. Queremos que la relación con la tecnología sea natural. Incluso el Hack Day, la concentración de 100 hackers durante 24 horas: no se podrá entrar, pero se podrá  vivir como espectador. Te da otra visión de cuál es la vocación del festival".

Somos hedonistas
No debemos olvidar que el Sónar es, ante todo, un festival donde la música electrónica, de baile, de discoteca, es el plato fuerte. En 1994 ya lo vieron claro y, a pesar de la retórica, no renuncian a ello. Palau recuerda como para Atau Tanaka, compositor y performer japonés, y la gente que venía de este mundo muy del laboratorio y del IRCAM, el Sónar de Noche Fue y es "una fuente de inspiración, con unas sonoridades familiares, del mundo de la electrónica pero con un nivel de energía que les cargaba las pilas, lo encontraban muy interesante. Nos pasa todavía: Stephen O'Malley de Sunn O))), en Brasil se pasó todo el concierto de Modeselektor en el escenario y alucinando". Caballero pone la guinda hedonista: "Cuando te haces mayor tienes mas tabúes, pero la gente joven tiene muchos menos, tiene ganas de descubrir cosas nuevas. Y en esto el Sónar ha sido muy bueno, como una herramienta para descubrir y para mezclar. Y una vez todos somos muy intelectuales, a bailar hasta las 6 de la mañana, que también puedes hacerlo: no hace falta que te pases todo el día leyendo".

Somos un matrimonio que funciona
Caballero, Palau y Robles hace veinte años que están juntos. Todo un mérito de la vida posmoderna. "Con la edad nos hemos pillado el respeto, y conocemos las manías de uno y de el otro -dice Caballero-. En 20 años hemos tenido tiempo de coger cada uno la parcela en la que se siente más cómodo, y no hay tantas fricciones. Fricciones siempre hay, pero somos un matrimonio que funciona. Ser tres va muy bien, porque cuando uno está enfadado con otro, siempre queda uno para desempatar".

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