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Fotografía móvil: Festival D-IVE

Del 19 al 21 de abril, el DHUB acoge el primer festival de fotografía móvil del Estado

d-ive festival
© Mayka Navarro
Por Eugènia Sendra |
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Yo he caído: he acelerado el paso y, como si fuera un 'cowboy' del lejano oeste, he desenfundado el teléfono con rapidez y he abierto la aplicacion de la cámara sin elegancia para captar una imagen –la de una chica sobre la bici tirando de su galgo avanzando por Via Laietana–, reencuadrarla y colgarla en la red. También he puesto corazones en Instagram y descubierto creadores, saltando de una buena foto a otra instantánea inspiradora. Por eso soy carne de D-IVE, el primer festival de fotografía móvil del Estado que durante tres días llenará el DHUB de las Glòries de talleres, exposiciones y clases magistrales para los aficionados y profesionales de esta disciplina naciente. Pedimos a @sushidetortilla, Carol de Britos, la comisaría del festival y una de las #igers veteranas del estado, que nos revele el abecé de la fotografía móvil.

Cámara accesible

D-IVE es nieto de las nuevas tecnologías, las mismas que permitieron que en un teléfono movil se integrara una cámara fotográfica a finales de los años 90. En 2002 el 'gadget' empezó a tener presencia internacional, Apple hizo de las suyas y las 'start-up' lo aprovecharon: en octubre de 2010 Kevin Systrom y Mike Krieger presentaban una aplicación para el iPhone 4 que en dos años conseguía superar los 100 millones de usuarios. Nacía Instagram y era dificil no caer en la tentación. "Pensaba que me compraría una cámara, que algún día haría un curso de fotografía, y en el momento en el que me dieron un móvil y me descarqué la primera aplicacion, se me abrió un mundo", dice De Britos. Para explicar el éxito de la disciplina, añade que casi todo el mundo dispone de un 'smartphone' en el bolsillo, y cuando se tiene una pequeña cámara de hasta 8 megapixels, es difícil resistirse a no inmortalizar la realidad.

Sin filtros
Los alumnos avanzados de la clase han evolucionado, ya no se fotografían los pies –el encuadre habitual cuando uno descubre la aplicacion desde el sofá, y dicen que es la primera imagen de la historia de Instagram– y han pasado del abuso de los filtros X-Pro, Brannan o Mayfair al defecto. Optan por aplicaciones que permiten jugar con la luz, la saturación y los blancos y negros y son fans del Snapseed y el Hipstamatic. De Britos alaba la primera por "básica, intuitiva y buena", y de la segunda remarca "el punto nostálgico que hace sentir que tienes una cámara analógica entre manos".

La red adolescente
Compartir una fotografía o no compartirla, esa es la cuestión. El usuario no está obligado a hacer uso de la red social, pero para la mayoría, ésta se ha convertido en un punto de encuentro con otros fotógrafos, profesionales o aspirantes, con quien compartir 'feedbacks', experiencias y conocimientos. También conviene revisar la gran cantidad de material que se produce en este momento de euforia fotográfica, recuerda @sushidetortilla. "Estamos en la adolescencia de la fotografía móvil, se produce mucho sin sentido, está de moda. ¿Hacen falta tantas fotos de modelos en los vestuarios, tantas puestas de sol, tantos gatos?

Educar el ojo
De Britos ha aprendido a mirar la realidad, capta cosas de la ciudad que antes le habrían pasado por alto. Retrata escenas y personajes sin temor a invadir su intimidad. En D-IVE ofrecerá sus experiencias, junto a autores de renombre como Thomas Kakareko y VuTheara Kham. Tambien estará la periodista Mayka Navarro, que le contaba a De Britos cómo los móviles le han permitido acercarse a los conflictos y a sus protagonistas. La fotografía móvil también puede ser espontaneidad y naturalidad.

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