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Joshua Oppenheimer nos habla del mal

'The act of killing' es un documental muy impactante

Por Josep Lambies |
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Joshua Oppenherimer

Es largo de explicar. Todo empezó en una plantación del norte de la isla de Sumatra. Joshua Oppenheimer fue para filmar a sus trabajadores, un colectivo de explotados obligados a tratar con productos tóxicos sin las medidas de seguridad reglamentarias, que por miedo a las represalias se resistían a agruparse en ningún tipo de estructura sindical. Habían crecido bajo una dictadura militar, que les había enseñado a abstenerse de reivindicar sus derechos. Todos sabían que en 1965 Indonesia había sufrido un genocidio que había acabado con la vida de más de un millón de personas, sospechosas de comunismo. Tras mucho indagar, Joshua se puso en contacto con Anwar, uno de los verdugos.

¿Qué te hizo convertirlo en protagonista?

El día que nos conocimos me llevó al lugar donde en el 65 había matado a cientos de personas con sus propias manos. Un terrado. Como todos los hombres que había perpetrado el genocidio estaba dispuesto a explicármelo todo, sin omitir ningún detalle. Pero su caso era grotesco. Se colocó el cable con el que estrangulaba a las víctimas alrededor del cuello y, sin quitárselo, se puso a bailar sobre el mismo suelo donde había ejecutado a tanta gente.

¿Cómo te sentiste?
Es difícil de explicar. En dos años había entrevistado a 40 verdugos. Anwar era el 41. Pero viéndolo me di cuenta que, de alguna manera, estaba reviviendo atrocidades que había cometido. Mucha de la gente que conocí se limitaba a describir las escenas, pero bajo la sonrisa de Anwar, bajo su piel, estaba recordando. Y aquel día yo vi reflejado en su cara todo el horror del pasado, y se me hizo presente. Por la noche, después de dejarlo en casa, cuando todavía estaba en el coche, me puse a llorar. No podía parar.

A lo largo de todo el film, Anwar presume de lo que hizo. Dice que se siente orgulloso.
Sí. ¿Por qué? Con esta pregunta empezó todo. Si dejaba que él y sus amigos presumieran podría llegar a entender por qué han creado esta cultura del engaño y la mentira. Le dije: "te filmaré como tu quieras que te filme". Y así es como empezó a compararse con Elvis Presley.

Anwar dice: "La gente adora a James Bond porque es un hombre de acción. Yo he sido como James Bond".
Él decidió retratarse como un héroe de sus películas preferidas, como Marlon Brando o como Al Pacino. Decidió utilizarme para recrear las matanzas como si fueran cine. Él se quiere presentar como un héroe y, como sabe que la violencia vende, piensa que lo tiene fácil.

¿Crees que es por inconciencia?
Es para tapar su dolor. Parece que le vaya la vida en hacer esta película. Todo el rato está preocupado por si le queda bien el pelo blanco o si se lo tiene que teñir, por si los pantalones que lleva son feos, por si está actuando como una auténtica estrella de Hollywood. Pero esto no es lo que hace sufrir de verdad. No son más que cuestiones triviales para escapar de la monstruosidad de lo que ha hecho. Es el mismo hombre que te dice que bebía y fumaba marihuana cada vez que bajaba del terrado, para olvidar.

La historia nos ha enseñado que los genocidios se intentan esconder. En Indonesia no es así. ¿Por qué?
Tengo dos respuestas, una personal y una política. Empezaré por la política, si te parece.

Adelante.

Esconderlo habría sido igual que admitir que lo que hicieron fue terrible. Habría significado mirarse al espejo cada mañana y ver los ojos de un asesino. Pero nadie les ha obligado nunca a sentir vergüenza de ellos mismos. Igual que nadie los echó nunca del poder, tampoco les forzaron a admitir que lo que hicieron estaba mal.

Como decías antes, presumir de ello es una forma de eludir las responsabilidades.

Imagínate que los nazis hubieran ganado la guerra. Quizá no hubieran llegado a hablar nunca del Holocausto de forma oficial, pero los soldados hubieran vuelto a casa y se hubieran impuesto como modelo en todo el imperio, como representantes de un estado del terror, y así habrían hecho callar a la gente. Esto son Anwar y sus amigos.

¿Y la respuesta personal?
Anwar llevaba toda la vida esperando una oportunidad como esta. Después de ver las primeras imágenes rodadas me dijo: "Esto por fin enseña cómo es ser yo". Porque a la larga engañarse de esta forma sólo lleva a una vertiginosa espiral de sufrimiento. Y todavía hay algo más que me preocupa, y es que esta situación no es tan inusual como creemos.

¿En qué estás pensando?
Hay una escena en la que Anwar decide caracterizarse con un sombrero de 'cowboy'. Entonces me di cuenta: en 'The act of killing' lo vemos filmando una película para justificarse, pero es que en Estados Unidos se creó un género para glorificar sus masacres. ¿Qué es el 'western' si no? ¿Lo ves? Anwar está representando su genocidio con los elementos del género del genocidio por excelencia.

Nos recuerdas que Occidente apoyó al régimen miliar de Indonesia, y que por eso sus responsables nunca han comparecido en un tribunal internacional.

America dio armas y dinero por la causa, y entrenó a sus soldados para ejecutar una lista de más de mil personas sospechosas de comunismo. Había de todo: intelectuales, artistas, activistas políticos y todas las familias de chinos que vivían en Indonesia. Algunas llevaban más de un siglo.

¿Cómo hablaba de esto Anwar?

Un día me describió la cara que tenían justo cuando estaban a punto de morir. De hecho, intentó imitar su expresión. Era tan asfixiante, tan brutal, que tuve que quitarlo del montaje.

La última escena es terrible. ¿Qué crees que nos enseña Anwar en aquel momento?

La rodamos seis meses después de nuestro primer encuentro. Me pidió ir al terrado por última vez, y me volvió a explicar lo del cable. Pero esta vez el cuerpo no lo acompañaba. No paraba de temblar. Y yo tuve un impulso ridículo, muy americano, de ponerle la mano en el hombro y decir: "no te preocupes, todo está bien". Pero justo cuando iba a levantar el brazo me di cuenta que no, que nada de eso estaba bien, y que por más mentiras que se diga nunca superará el hecho de ser quien es.

La crítica

Cine, Documental

The Act of Killing

4 de 5 estrellas

Pocas películas más chocantes que 'The act of killing' se verán este año en la cartelera. Joshua Oppenheimer se aproxima a uno de los horrores más olvidados del siglo XX, la dictadura de Suharto en Indonesia, desde una vertiente inesperada. Aprovecha la afición al cine de antiguos escuadrones de la muerte para hacerles recrear, como si protagonizaran un musical o una película de gángsters, los crímenes que cometieron. En su escalofriante extravagancia, se convierte en un documental sobre el poder de la ficción que funciona a dos niveles. Por un lado, resalta la capacidad de subyugación de las películas de cine de barrio sobre unos asesinos sin piedad. Por otro lado, Oppenheimer quiere convertir las ‘actuaciones' de los protagonistas en una especie de terapia que los haga conscientes de los horrores que perpetraron. Hacia el final, el cineasta corre el mayor peligro que amenaza a este tipo de documentales: quedar fascinado por el monstruo que retratas.

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