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Daniel O'Hara desnuda a la burguesía en su nuevo libro

'Dependent ben plantat per a hereu sobiranista' es un retrato mordaz de la clase alta barcelonesa

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Por Josep Maria Sarri

A los habituales de Time Out os sonará Daniel O'Hara (Barcelona, 1968). Durante un par de años, este filólogo firmó una columna en esta revista. Se titulaba Ciao Maschio y era un retrato de la Barcelona gay bajo su peculiar punto de vista. Su tercera novela, Dependent ben plantat per a hereu sobiranista (Tres i Quatre), es la historia de una pareja homosexual curiosa. Por un lado, Robert, un chico de Sant Ildefons de Cornellà, jovencito que trabaja en una lujosa tienda de lámparas de Barcelona, frívolo y con buen corazón. Y por otro, Oriol, un hombre maduro, que se acerca a los sesenta, convergente acérrimo. De esta relación surge una peculiar versión de Pigmalión que pone el dedo en la llaga en muchas cuestiones.

A Oriol, el autor lo define como "un heterosexual que se acuesta con hombres". O'Hara se confiesa: "Esta frase la robé literalmente de Ángeles en América de Tony Kushner. Es la autodefinición que se hace el abogado Roy Cohn. La frase retrata muy bien un perfil de hombre que es un mito para muchos homosexuales: el del heterosexual, aquel que ofrece una masculinidad primigenia ajena al ambiente. He querido reflejar la autohomofobia intermitente, o parcial, que cargan muchos gays ", explica.

Pigmalión con charnego
El libro, ganador del premio Andròmina dentro del cartel de los Octubre de Valencia en 2011, es una comedia con toques dramáticos. Oriol es un abogado que no se considera homosexual. Es un playboy de la sociedad civil catalana inspirado, según O'Hara, en el ex presidente del Barça Joan Laporta. "Un amante inserto de esos que sólo penetra y a quien sólo una vez le han metido el dedo en el culo", dice. Robert hace de mariquita. Es un charnego del extrarradio que no pronuncia la ese sonora. Su amante no lo soporta y le pone un profesor particular para que aprenda. "A diferencia de My fair lady, aquí el personaje quiere aprender y cambiar, no sólo porque es un tránsfuga social y quiere progresar en la Barcelona burguesa, sino también porque sabe que no tiene cultura y quiere catalanizarse y no sentirse extranjero en su casa. Hay una voluntad de transformarse. Se considera una putita que ha sido rescatada por un príncipe que incluso le pone un piso en la Rambla de Cataluña ", apunta.

La novela tiene un importante punto de inflexión cuando Robert se infecta de sida. Oriol, como macho, lo rechaza porque considera que es una enfermedad del proletariado. Es difícil no ponerse del lado del personaje más frágil, pero todo tiene matices. "No me gusta nada la literatura edificante. Quería evitar el réquiem por el pobre charnego víctima del poderoso ", apunta O'Hara. Dependent ben plantat per a hereu sobiranista es un melodrama descreído que se aleja deliberadamente del pensamiento correcto y buenista.

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