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Ni el mejor arquitecto ideó una ubicación tan despampanante para un alojamiento rural: una masía del siglo XII encajonada dentro de una pared de conglomerado del parque natural de Sant Llorenç, muy cerca de un pueblo idílico, y habitada por la misma familia desde hace 26 generaciones. Cinco habitaciones dobles con baño –las más chulas, Roure y Alzina–, un museo de utensilios antiguos, piscina y capilla del siglo XIV. Si todavía no habéis dormido nunca dentro de una montaña, ¿que esperáis? Se rodó Pa negre, sí.
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